MORELIA, Mich., 16 de febrero de 2016.- Son las 11:50 horas del 16 de febrero, una fecha especial para muchos mexicanos por la visita del Papa Francisco. Los alrededores del estadio Morelos parecen  ríos de gente; algunos van, otros vienen, otros permanecen a la espera de saber por dónde entrarán.
Playeras y logotipos identifican a diferentes grupos; los de verde vienen del sur del estado, unos con playeras guindas son de Guadalajara, unos de blanco son de Ciudad de México. Otros se distinguen por sus gorras, y otros por sus gritos.

Los gritos distinguen a esta masa de gente; vivas y porras a favor del Papa, coros que gritan el nombre de alguna escuela o congregación. Pasan algunos minutos y baja la euforia, pero basta una leve insinuación de vitoreo y se enciende el ánimo nuevamente.

Algunos lugares de comida lucen llenos, a medio febrero hacen agosto. Otros, los que les tocó estar detrás de las vallas, y fueron impedidos a acercarse por el Estado Mayor Presidencial, están molestos, decepcionados y apurados por vender algo, gritan desde su límite tratando de hacer que la gente se acerque, también se distinguen por sus gritos.

Los que deambulan, que no son pocos, andan perdidos. Se escucha que alguien pregunta “cuál es la puerta uno” o “esta es la fila de los de la tercera edad?. Las personas se quejan de la mala organización, pero se resignan, “todo sea por ver al Santo Padre”.