Día Internacional de los Pueblos Indígenas
La reciente crisis política en Uruapan desnuda una tensión peligrosa: ¿gobernabilidad o confrontación? El presidente municipal, Carlos Manzo, ha optado por el camino de la rebeldía institucional, clausurando simbólicamente obras y lanzando ultimátums a nuestro gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y hasta a la Presidencia de la República. Más que gestos de autoridad, sus acciones revelan una apuesta al protagonismo mediático que, lejos de resolver los problemas de inseguridad, profundiza la incertidumbre.
La ciudadanía necesita soluciones, no espectáculos. ¿Acaso un sello de clausura improvisado contiene al crimen organizado? Evidentemente no. Lo que sí produce es un clima de ingobernabilidad que erosiona la confianza en las instituciones y retrasa proyectos estratégicos, como el teleférico, que prometen mejorar la movilidad y detonar el desarrollo de la región. En nombre de la justicia por el asesinato de un policía —indignación legítima que todos compartimos— no se justifica dinamitar la coordinación institucional.
Frente a esta actitud, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ha mostrado temple. Ha reforzado operativos de seguridad con fuerzas estatales y federales, instalado bases mixtas, modernizado la infraestructura de vigilancia y desplegado inteligencia contra las células criminales. Sus acciones son silenciosas, pero efectivas: la seguridad no se conquista con declaraciones altisonantes, sino con estrategia.
Además, el gobierno estatal ha invertido como nunca en Uruapan: el teleférico con más del 70% de avance, el nuevo Hospital General de Zona del IMSS, la modernización de carreteras, plantas de tratamiento de agua, rehabilitación de escuelas y centros sociales. El contraste es claro: mientras el alcalde apuesta por la provocación, el gobernador responde con responsabilidad. Uno enciende pleitos; el otro construye confianza. Uruapan no puede permitirse ser rehén de un choque de egos.
Hoy más que nunca, se requiere unidad. Gobernar es ceder protagonismo por resultados, es saber callar para construir acuerdos, es entender que la seguridad y la prosperidad se logran sumando esfuerzos, no fracturándolos. El camino de la confrontación solo fortalece a los enemigos de la paz; el de la gobernabilidad abre la puerta al progreso.
La elección está sobre la mesa: el ruido de la tribuna o la seriedad del trabajo conjunto. Por el bien de Uruapan, y de Michoacán, la respuesta es evidente.




