La opción
Cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y, como cada año, siempre resulta pertinente escribir sobre el tema.
Los pueblos originarios o indígenas somos quienes hemos habitado siempre nuestro territorio mexicano; quienes hemos defendido nuestra tierra de la explotación de los recursos naturales; quienes aprendimos a escuchar el viento, observar los cielos y la lluvia para cultivar semillas y alimentar a nuestras familias; quienes, experimentando, lograron hacer fuego y desarrollaron conocimientos que hoy siguen siendo fundamentales para la humanidad.
Pero también fuimos los pueblos que los conquistadores, usurpadores y saqueadores quisieron destruir y despojar. Por eso, para los pueblos originarios, en esta época moderna de 2026, nuestra existencia sigue siendo sinónimo de lucha, resistencia y conciencia de identidad; de orgullo, pasión y constante rebeldía.
Quisiera decir que nuestra historia ha cambiado lo suficiente con la llegada de la Cuarta Transformación, pero la realidad es que apenas comenzamos a ser visibles. Si bien es cierto que actualmente hay personas indígenas ocupando espacios de representación popular, también es cierto que la transformación real sigue pendiente en aquellos lugares donde persisten los abusos y las costumbres que violentan a las mujeres; donde faltan capacitaciones para comprobar y ejercer correctamente el presupuesto directo; donde nuestras comunidades siguen enfrentando enormes carencias.
Claro que debemos reconocer los avances, pero mientras estos sigan siendo casos de éxito personales y difícilmente logremos construir transformaciones comunitarias, será complicado hacer frente a tanta precariedad: escuelas que necesitan atención, calles que requieren servicios, comunidades donde todavía hace falta electricidad, telefonía e internet.
Vamos bien, y es gracias a la Cuarta Transformación. Pero jamás debimos haber estado en esta situación. La pregunta es si fue el gobierno o un sistema corrupto el que nos llevó a este estado de agonía continua, marcado por la falta de educación y empleos, o si también nosotros permitimos que las cosas llegaran hasta aquí.
Quizá la pregunta sea agresiva, pero me parece que ahora más que nunca debemos hacer equipo con el gobierno; no solamente desde la exigencia, sino también desde la acción.
Ya basta de que solamente nos quieran utilizar para hacer eventos bonitos. Ya basta de que nuestros trajes aparezcan cuando son campañas. Ojalá compraran a nuestras artesanas sus prendas con la misma facilidad con la que compran en los centros comerciales. Ojalá adquirieran nuestras artesanías como si fueran esas joyas que compran en las tiendas de lujo.
Ojalá escucharan nuestra música en sus fiestas como cuando contratan DJ. Ojalá realmente se interesaran por nuestra cultura y nuestras tradiciones y nos ayudaran a rescatarlas. Porque la realidad es que cada día los presupuestos para nuestras actividades son menores y todo se sigue centralizando en la capital y en las grandes ciudades. Ojalá llegara a gobernar una persona que conociera nuestras comunidades desde el corazón y desde nuestra cosmovisión. Pero el sistema nos obliga a resistir hasta donde podamos, porque seguimos sin padrinos, sin corrompernos y, muchas veces, sin recursos económicos. Pero contamos con algo mucho más importante: ganas y voluntad de construir otra realidad para nuestras comunidades.
Y si ya llegamos hasta aquí, solo queda una cosa más: luchar con todas nuestras fuerzas, juntos y juntas, porque somos equipo y porque sí es posible construir esa utopía de conjuntar la sabiduría ancestral con el conocimiento científico.
Michoacán será el ejemplo humanista que México y el mundo podrán mirar para transformar las desigualdades en paz y tranquilidad, porque la prosperidad solo puede ser compartida cuando no existe corrupción que permita que la riqueza y las oportunidades se queden en las manos de unos cuantos.
Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum: gracias por todo. Pero aún requerimos apoyo para llegar a espacios reales de toma de decisiones administrativas y económicas. Vamos bien, pero podemos estar mejor. Esto, en efecto, es una consigna y un grito de protesta desde dentro. Porque nos querrán tumbar y poner un piso disparejo, pero nosotros aprendimos a caminar en las brechas, a correr en el asfalto, a ver y respirar entre el humo, a crecer entre las adversidades y a vivir para luchar por mejores condiciones para nuestras comunidades.
Somos pueblos originarios. Somos memoria, resistencia y futuro. Y mientras tengamos identidad, voluntad y comunidad, seguiremos luchando.




