Educación: vía para abandonar la pobreza
En tiempos marcados por la violencia, la discriminación, la injusticia social, la incertidumbre, la fragmentación social y la pérdida de confianza entre las personas, la Oración Unida para la Paz y la Reconciliación en Michoacán, representa una oportunidad para reencontrarnos como sociedad y reconocer que la construcción de la paz requiere voluntad, solidaridad y compromiso colectivo. Cuando las comunidades enfrentan situaciones que lastiman la convivencia, el tejido social y la fe y esperanza, abrir espacios de encuentro entre distintas expresiones religiosas y espirituales adquiere un significado profundamente humanista, interreligioso.
Escuche detenidamente al pastor Juan Spyker en su disertación, tanto al inicio como a la conclusión del evento, sensible, generoso, preciso, contundente en sus reflexiones; lo acompañaron en la oración diferentes pastores de distintas iglesias, incluidas las evangélicas entre ellos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días el Presidente Arroyo, encargado de la Dirección de Comunicación en Michoacán, el Presidente Lerin, el Hermano Ávila, quienes participaron en la oración, así como del Islam y la iglesia Católica, los cuales dieron ese mensaje de fe y esperanza de que el estado de cosas puede cambiar a través de la oración, sensible, significativa y comprometida.
La oración, entendida como una expresión de fe, reflexión y conexión con aquello que da sentido a nuestra existencia, puede convertirse en un puente entre personas que, aun teniendo creencias, tradiciones y formas de comprender el mundo diferente, comparten una aspiración común: vivir en una sociedad donde la dignidad humana sea respetada, las familias encuentren tranquilidad y las comunidades puedan convivir sin miedo, donde los principios de respeto a los derechos humanos y libertades, la igualdad sustantiva, la interculturalidad, la cultura de paz y el diálogo son fundamentales.
Orar en unidad no significa pensar de la misma manera, sino reconocer que nuestras diferencias no tienen por qué separarnos y que el respeto a la diversidad es una condición indispensable para construir la paz; por ello orar nos replantea la oportunidad de pensarnos, despensarnos y repensarnos en todo aquello que estamos haciendo mal y que requerimos evitarlo para no generar dolor derivado de la violencia, la desigualdad, la discriminación al otro.
En este sentido, la iniciativa promovida por el Consejo Interreligioso de Michoacán, el Ayuntamiento de Morelia y el Gobierno de Michoacán, quienes facilitan procesos para que la reconciliación comience cuando somos capaces de escucharnos, reconocernos y abandonar los estigmas y prejuicios que alimentan la división. La oración compartida puede abrir un espacio para sanar heridas, cultivar la empatía, fortalecer la esperanza y recordar que ninguna comunidad puede reconstruirse si permanece indiferente al sufrimiento de las demás.
Sin embargo, la paz no se construye únicamente con palabras ni concluye cuando termina una plegaria. La oración adquiere su mayor trascendencia cuando se transforma en acciones concretas: ayudar a quien lo necesita, acompañar a las víctimas, rechazar toda forma de violencia, promover el diálogo (horizontal, complementario, en alteridad, en tolerancia y respeto, en intersubjetivación, callando una de las partes para que el otro hable y viceversa), cuidar a las personas en situación de vulnerabilidad y trabajar por comunidades más justas, incluyentes y solidarias. Orar por la paz también significa comprometernos a no ser reproductores del discurso del odio, la discriminación, la indiferencia y la violencia, la injusticia social.
Desde una perspectiva de paz dialógica (la paz para fortalecer le diálogo), el encuentro entre las religiones y las distintas formas de espiritualidad nos recuerda que la unidad no exige uniformidad. Por el contrario, una sociedad verdaderamente reconciliada es aquella que aprende a convivir con sus diferencias, reconoce el valor de cada persona y encuentra en el diálogo una alternativa frente a la confrontación. La fe, cuando se acompaña de una ética del cuidado, puede inspirar la responsabilidad de mirar al otro no como adversario, sino como un ser humano con la misma dignidad y el mismo derecho a vivir en paz.
Como integrante de esa comuna en Morelia, comprendo la importancia que tenemos de encontrar la paz; pero necesitamos de fe y esperanza, pero no esperar, sino generar acciones para evitar la violencia, la discriminación, el discurso de odio, pero también corresponsabilidad; necesitamos palabras que reconforten, pero igualmente acciones que transformen. Por ello, la Oración Unida puede ser un llamado a que las comunidades religiosas, las instituciones públicas, las organizaciones sociales, las familias y la ciudadanía sumen sus esfuerzos en favor de una cultura de paz que se construya desde los hogares, las escuelas, los espacios comunitarios y la vida pública.
Que la oración compartida nos permita comprender que la reconciliación no significa olvidar el dolor ni renunciar a la justicia, sino abrir caminos para sanar, reparar y evitar que la violencia continúe reproduciéndose. Que cada plegaria se convierta en una semilla de esperanza; cada encuentro, en una oportunidad para reconocernos; y cada compromiso, en una acción que contribuya a recuperar la confianza y la solidaridad.
Porque la paz comienza en el corazón, se fortalece en nuestras relaciones y se hace realidad cuando aprendemos a vivir juntos con respeto, justicia y amor. Orar unidos es reconocer que somos diferentes, pero que compartimos una misma responsabilidad: cuidar la vida, dignificar a las personas y construir un Michoacán donde la reconciliación sea posible y la paz deje de ser solamente una aspiración para convertirse en una práctica cotidiana.
Para finalizar el evento, en una interesante ejercicio de brecha generacional, hicieron su intervención los coros de personas adultas del Barrio de Prados Verdes, así como el coro de la organización primaria del Barrio Tarímbaro.




