Némesis
Michoacán, la no necesaria polarización
Elizabeth Juárez Cordero
Las cartas están echadas, sino sucede otras cosa son dos proyectos los que se estarán disputando la gubernatura en Michoacán: el de Carlos Herrera Tello, representante de la alianza que integran el Partido Acción Nacional (PAN), el Revolucionario Institucional (PRI) y el de la Revolución Democrática (PRD), y el de Raúl Morón Orozco, abanderado por Morena.
Si bien aún estamos a días de que arranquen de manera formal las campañas electorales, la oferta discursiva de ambos contrincantes es previsible, repetitiva y aburrida. Centrada de manera inevitable en la polarización, que quizá con plena intención ha sido colocada desde Palacio Nacional para todo el territorio y los poco más de 20 mil cargos estatales y federales que se estarán eligiendo el próximo 6 de junio: la continuidad o no de la 4T.
Una campaña así en Michoacán, entre los que se dicen ser encomendados autómatas del presidente y los que se oponen de manera frívola y poco inteligente; como continuación de la palestra planteada desde el centro, dista mucho de ser una contienda que emocione y esté a la altura de las problemáticas que el estado y las y los michoacanos demandan.
Entre las que destacan, el aún pendiente arreglo educativo con la federación, cuyo proceso poco claro, aunado a los encuentros complacientes entre la CNTE y Palacio nacional, así como las requeridas idas y vueltas de gestión encabezadas por el propio gobernador del estado Silvano Aureoles reflejan la debilidad del “arreglo”, que lejos de traer certidumbre, parecieran ser nuevamente la “curita” al chantaje interminable de un problema hondo, que no sólo somete contra las cuerdas a la administración estatal en turno sino que merma por entero su capacidad presupuestaria, y que por si fuera poco; bajo el discurso de la protesta, una vez y otra también, radicalizan sus acciones afectando la productividad y desarrollo de la entidad.
Este es solo un botón de los problemas que sin importar los colores de quien obtenga la mayoría de la votación, habrá de hacer frente el próximo gobernador. Y aun cuando pudieran ser más cercanos o aliados a uno, hay que recordar que la naturaleza de la Coordinadora de “todo o nada”, que es también su mecanismo aglutinador con las bases, les impide ser un aliado confiable.
En este sentido, la contienda por la gubernatura en Michoacán, en su diversidad de problemas y conflictividad política y social casi siempre cíclica, requiere de propuestas precisas, con diagnósticos serios acorde a nuestro contexto local. Acompañada de un discurso que lo mismo denote conocimiento, como llamado a la razón y a la inteligencia para que no esté falto de contenido y que al mismo tiempo emocione, motive a los electores y conecte con lo que vive, preocupa y vibra la michoacana y el michoacano de a pie.
Acotarnos a una contienda que haga eco de la polarización, entre lo que ha hecho bien o mal el presidente, a la critica a ultranza de los grandes proyectos nacionales, que sin duda repercuten en las entidades federativas, o incluso a la administración de la crisis sanitaria, me parece corta y falta de emoción. Es desconocer el terreno que se aspira a gobernar, tanto de un lado como del otro.
Justo en la entrega anterior hablábamos de las cualidades con las que debía contar el político, el que vive de y para la política; la virtud como capacidad creadora, la causa con pasión y mesura equilibradas, esa es pues la combinación ideal que debieran conjuntar los candidatos y sus equipos, ahí está el reto.
Lo que se pone en juego en Michoacán no es un proyecto de buenos y malos, problemas como la inseguridad o la inminente presencia de grupos delincuenciales en algunas regiones de la entidad, son la verdadera amenaza para la entidad, realidad que sobrepasa la retórica, la buena voluntad y las propuestas sin viabilidad, sin cualidades y talentos.
Hagamos votos porque las opciones ya casi listas para ser impresas en las boletas electorales, hagan de esta contienda por la gubernatura, una que dignifique la política, que sea creativa, inteligente, pero que invariablemente nos regrese la emoción por la política.




