Las víctimas: todos los nombres, un nombre
Reflexión dirigida a
Ariadna Montiel Reyes
Presidenta Nacional de MORENA.
Citlalli Hernández Mora
Secretaria de Elecciones de MORENA.
Hay estados que acompañan la historia.
Y hay estados que la transforman.
Michoacán pertenece, sin duda, a los segundos.
Desde hace siglos, nuestra tierra ha demostrado una extraordinaria capacidad para anticiparse a los grandes cambios nacionales. La transformación no ha sido una excepción en nuestra historia; ha sido una constante.
Mucho antes del nacimiento de México, el Imperio Purépecha edificó una de las civilizaciones más sólidas de Mesoamérica. Jamás fue sometido por el Imperio mexica y defendió con éxito su autonomía. Desde entonces, Michoacán aprendió que su destino era escribir su propia historia.
En 1809, Valladolid sembró la semilla de la Independencia con la Conspiración de Valladolid, uno de los primeros intentos organizados por romper con el orden virreinal. Décadas más tarde, el estado volvería a colocarse a la vanguardia con las luchas obreras, campesinas, magisteriales y universitarias. La Universidad Michoacana se convirtió en referente del pensamiento crítico y las movilizaciones estudiantiles del 2 de octubre de 1966 anticiparon la inconformidad que poco después recorrería al país.
Ese mismo espíritu reapareció con Cuauhtémoc Cárdenas y la Corriente Democrática, un movimiento que abrió una nueva etapa para la izquierda mexicana y amplió la vida democrática nacional. Una vez más, Michoacán demostraba que no esperaba el cambio: ayudaba a construirlo.
Por ello, la discusión que hoy vive Morena en Michoacán no debería limitarse a una competencia de perfiles.
La pregunta de fondo es otra:
¿Quién está llamado a escribir el siguiente capítulo de esa historia?
Las y los michoacanos reclaman una política cercana, honesta, preparada y con sensibilidad social. Existe un evidente cansancio frente a los liderazgos tradicionales y una creciente demanda de perfiles capaces de construir acuerdos, escuchar y gobernar con visión de futuro.
Además, México vive un cambio de época. La llegada de la primera mujer a la Presidencia representa una transformación histórica. Sería difícil imaginar que un estado con la tradición progresista de Michoacán permaneciera ajeno a ese momento.
No porque una mujer deba ser postulada por el solo hecho de serlo, sino porque cuando una mujer reúne preparación, trayectoria, honestidad, identidad con el movimiento y reconocimiento social, esa posibilidad merece ser valorada con toda seriedad.
Las encuestas son indispensables para conocer el sentir de la militancia y de la ciudadanía. Pero ningún proceso político se fortalece únicamente con números. También exige comprender la identidad de un pueblo, la historia de un estado y el momento que vive un movimiento.
Las encuestas miden una preferencia.
La historia explica su significado.
Cuando llegue el momento en que la militancia sea consultada y corresponda conducir ese proceso, convendrá mirar también la historia de Michoacán.
La de un pueblo que nunca fue sometido por los mexicas.
La de la ciudad donde comenzó a germinar la Independencia.
La de la universidad que convirtió la libertad de pensamiento en una de sus mayores fortalezas.
La del estado que impulsó una nueva etapa de la izquierda democrática con Cuauhtémoc Cárdenas.
En ese contexto, la trayectoria de Fabiola Alanís adquiere una dimensión especial.
No representa una figura improvisada. Su historia está ligada a las causas sociales, a la defensa de los derechos de las mujeres, a la academia y al servicio público. Ha construido una carrera política con seriedad, capacidad para generar acuerdos y una visión profundamente social.
Los pueblos con memoria no eligen únicamente entre personas.
Eligen trayectorias, proyectos y visiones de futuro.
Michoacán nunca ha sido un espectador de la historia de México.
Ha sido uno de sus protagonistas.
Si esa ha sido nuestra historia, el proceso mediante el cual Morena defina su liderazgo en Michoacán será una decisión de enorme trascendencia para el estado y para el movimiento.
Porque los grandes pueblos no sólo honran su pasado.
También saben reconocer, a tiempo, a quienes pueden conducir su futuro.
Dr. en D.Edgar Bravo Avellaneda
Abogado y articulista.




