La opción
El miércoles 28 de octubre será una fecha que quedará reservada para la historia.
Esa mañana, me encontraba en mi oficina del Senado de la República cuando me llegaron unos alcatraces hermosos. Entre la alegría, me llegó también una gran nostalgia, pues fueron de las flores que más cubrían el jardín de mi abuelita, a quien recuerdo con mucho amor y quien se fue de nuestro lado cumplidos sus 94 años.
Las flores, aunque me sacaron una sonrisa, por poco me sacan también las lágrimas, pues si bien son unas de mis flores favoritas, también me recuerdan las partidas a otras dimensiones de mis seres queridos, y fue que tuve esa extraña sensación de gratitud y pérdida a la vez.
Continué con mis actividades y por la noche, mientras me encontraba con mi pareja, recibí una de esas llamadas que nadie quiere escuchar. Era para informarme que el ingeniero había muerto, tras confirmar el suceso, recordé diversos acontecimientos.
Desconozco si fue coincidencia o algo de cierto hay en un comentario de mi mamá, en el que me decía que mi papá en algún momento le expresó que elegía nombrarme Celeste, en honor a Celeste Batel, la esposa del ingeniero, quizá nunca lo sabré, pues ya no le puedo preguntar a mi papá sobre la veracidad de esa hipótesis, en general, a mi papá le gustaba mucho todo lo relacionado con los astros celestiales y a veces he pensado que de ahí viene mi nombre, el hecho es que ya se sembró esa espinita de que quizá era tal la admiración de mi papá hacia la familia Cárdenas que se inspiró en ella para nombrar a una de sus hijas.
Deben imaginar lo que significa y representa para una mujer joven y orgullosamente P'urhépecha poder conversar con él, uno de los padres de la democracia moderna de México, y es que si bien es cierto que logré el contacto gracias a mis amigos en común con él y a que buscábamos llegar al Senado de la República, también es cierto que más allá de los cargos públicos, jamás dejaré de ser Reyna Celeste Ascencio Ortega, orgullosamente nieta de campesinos e hija de profesores.
Hablar del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas es hablar de una parte fundamental de nuestra historia democrática. Fue gobernador de Michoacán, encabezó la lucha electoral de 1988 y abrió caminos de participación política para muchas generaciones. Su trayectoria nos recuerda que la democracia que hoy vivimos no llegó sola, sino que es resultado de años de lucha, organización y convicción.
La primera vez que lo fui a ver, me sentía un tanto nerviosa. ¿Qué podría decirle yo a alguien como él?
Y la conversación fluyó. Teníamos mucho de qué hablar, pero sobre todo compartíamos algo, nuestro amor por Michoacán. Recuerdo especialmente un consejo que me dio, recorrer los 113 municipios y mantenerme siempre cercana a la gente. Parecía una recomendación sencilla, pero con el tiempo comprendí que encerraba una de las enseñanzas más importantes de la política, nunca perder el contacto con el pueblo.
Procuraba ir a visitarlo... En alguna ocasión le llevé el libro que coordiné: "Mujeres Michoacán" y en otra ocasión una "piña de San José de Gracia" que cuando regresé, lucía muy bien en su estudio.
¡Qué gusto saludarle cuando se colocaron las letras de su madre, Amalia Solórzano, en el Congreso de Michoacán! «¿Cómo vamos?», me preguntó emocionado.
Hasta siempre, ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Su vida, su lucha y su legado vivirán por más generaciones, porque, siendo pueblo, seguiré hablando de usted y su familia, de su trayectoria y vida.
Descanse en paz y sepa que la lucha sigue.




