Las víctimas: todos los nombres, un nombre
Economía feminista, qué es?
Gerardo A. Herrera Pérez
En tiempos de Covid-19, nos preguntamos, cuánto dinero tengo para los cuidados?, y eso nos lleva a plantearnos la importancia del dinero o la vida?. La población que vive en vulnerabilidad o en precariedad y pobreza se podría hacer la pregunta pero, aun así, su destino será ir a los servicios de salud que presta el Estado y a recibir los cuidados en casa.
La economía feminista (EF) prioriza la vida sobre el dinero, la vida al centro. En general el mundo se mantiene en crisis, la llegada de la pandemia fue simplemente evidenciar de manera planetaria los problemas medioambientales, sociales, mentales, financiero, pero también los de educación y salud. En esta pandemia quienes no han parado para brindar la atención y cuidados son el sector salud en los hospitales y clínicas públicas y privadas y desde luego las mujeres que generan cuidados dentro del hogar, ellos, ellas, han parado de trabajar, todos los días.
El quédate en casa, dentro de las medidas sanitarias, refuncionalizó el trabajo doméstico y de cuidados dentro del hogar, siguieron las mujeres haciendo actividades de lavado, planchado, cocinando, cuidando a los adulos mayores, a los hijos, manteniendo limpia la casa, este trabajo esta normalizado para las mujeres, a ellas les toca, pero este trabajo no es reconocido por el sistema económico actual y en general no es remunerado. Es decir obligatorio y sin pago.
La EF sostiene que todo el trabajo invisibilizado de las mujeres es el que sostiene el sistema económico. La EF es un enfoque que cuestiona las formas tradicionales de estudiar y comprender el funcionamiento de la economía; estudia las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. La EF propone como punto nodal la vida al centro de todas las personas y sus sostenibilidad en el futuro.
De manera genérica la EF criticara la falta de reconocimiento de actividades realizadas principalmente por mujeres, tanto el doméstico y de cuidados, critica la desigualdad en la participación de las mujeres en el mercado laboral y su poca presencia en los espacios de toma de decisiones.
Sin cuidados, y actividades domésticas imposible sobrevivir, requerimos de servicios de limpieza, comida, atención a enfermos, incluso el sostén de la contención cuando hablamos de brindar el cuidado emocional de los miembros de la familia, en ocasiones incluso de otras familias, a este conjunto de actividades se les conoce como trabajos doméstico y de cuidados, trabajos de cuidado. Y que piénsalo, sin alimentación, limpieza, higiene, cuidados en general a la familia y a los trabajadores, el sistema económico actual no podría funcionar.
El modelo económico en que vivimos ha generado los espacios en las empresas públicas y privadas para las mujeres, es decir ha permitido generar una economía transversalizando el género (trabajo para hombres y mujeres), pero eso no ha sido suficiente, porque continua generando desigualdades, debido a que la mujer trabajara en la empresa, saldrá de trabajar y seguirá trabajando en su casa y además será quienes genere la reproducción de la fuerza de trabajo en el hogar. De ahí la importancia de reconocer el trabajo doméstico y de cuidados como un trabajo, es decir, el trabajo del hogar no es amor, es un trabajo no pagado. Silvia Federici diría “eso que llaman amor es trabajo no pago”, con lo que estoy de acuerdo.
El trabajo en casa es trabajo, y no debería de ser visto como amor o sacrificio natural de las mujeres. La EF propone que el sistema económico deje de ser excluyente con diferentes grupos de la sociedad (clase, raza, género, sexualidad, color de piel, edad, dogma, discapacidad, en condición de calle, es decir interseccionalidad), que no se reproduzca desigualdades que permitan solo a un sector privilegiado tener una vida que vale la pena vivir y otras no. Es decir, todos y todas con acceso a condiciones básicas para vivir, la vida al centro como fundamento.
La pandemia del Covid-19 evidencio el sistema económico actual como incapaz de responder a las necesidades de toda la población, en especial las que viven en vulnerabilidad, precariedad, pobreza, en ellas a todas las mujeres que realizan actividades domésticas y de cuidados; hoy el diseño de la política pública esta feminizado, son las mujeres en los hogares quienes cuidan a los enfermos, en condiciones de esta posición, y de la utilización de los recursos de medicina critica, serian ellas, las mujeres, las que deberían de recibir con prioridad las vacunas para la prevención del Covid-19.
Urgen los cambios a este modelo, que genera las desigualdades, como dice Mercedes de Dalessandro, en su libro “Como construir una sociedad igualitaria, sin perder el glamour), 9 de cada 10 mujeres hacen labores domésticas, mientras que 4 de cada 10 hombres no hacen nada en la casa, y esto pudiera ser mayor en algunas zonas y clases sociales.




