Las víctimas: todos los nombres, un nombre
Tendría que preguntarle a mis tíos Víctor, Cecilia y a mi mamá Tere Ortega, a todos ellos, ¿cómo fue que la maestra Cony Torres y Silvia Pardo (de Uruapan) dieron con ellos?
Pues son las dos primeras personas que recuerdo que llegaron a la cochera de mi tía Ceci, en Paracho, para invitarles a participar en el gobierno legítimo y luego en Morena (Movimiento Regeneración Nacional), una organización creada por Andrés Manuel López Obrador tras la decepción de haber formado parte de las filas del PRD (Partido de la Revolución Democrática).
Era muy pequeña, estaba recién pasado el fraude electoral de 2006. En aquel entonces tenía unos 13 años y mi máximo ejemplo a seguir en la política era mi tía Ceci, quien en algún momento se postuló para la presidencia municipal del pueblo por el PRD. Pero también ella estaba muy decepcionada porque había mucho nepotismo en aquellos años dentro de ese partido y, aunque tenía grandes posibilidades, se quedó en la interna y no logró la candidatura.
Siendo niña, lo único que podíamos hacer con mis hermanos y primos era repartir volantes y pegar pósters con engrudo en las bardas. Andábamos en las bicis a todo lo que daba y nos emocionaba mucho, aunque no sabíamos exactamente qué significaba ser Presidenta Municipal de Paracho; siempre la apoyamos.
Paracho pertenecía al distrito local con cabecera en Uruapan y al federal con cabecera en Zacapu.
Por eso, el segundo contacto, y para dar seguimiento a los trabajos de Morena, los referentes fueron Miguel Ángel Cuín Simón y Blanca Alfaro, de por allá de Zacapu. Ya con ellos, para 2010 o 2012, fueron mi tío Víctor y mi mamá los primeros delegados de Morena en el distrito, lo que se traducía en salir a vender libros de Andrés Manuel López Obrador, que ahora que lo recuerdo, mi tío me nombró su secretaria y hubo quienes nunca nos pagaron esos libros.
También teníamos que repartir el periódico Regeneración y hacer reuniones para informarles lo que ocurre en el país, lo malo y lo bueno.
Para 2008, me fui del pueblo a los 15 años a estudiar la preparatoria a Uruapan. Siempre regresaba los fines de semana porque no he podido ni podré cortar ese cordón umbilical con Paracho.
Y cada que iba al pueblo, mi mamá andaba muy motivada repartiendo el periódico Regeneración, que llegaba por correo en Correos de México. Íbamos por él y nos íbamos a las comunidades; yo la acompañaba porque no me gustaba que anduviera sola.
Con 16 años, no entendía por qué tanto empeño en darle su tiempo a un proyecto y a una persona que ni conocía, pero el mismo tiempo se encargó de darme la respuesta.
Un fin de semana en Zacapu, en una de las tantas reuniones de Morena que había, la doctora Raquel Sosa le preguntó a mi mamá:
—Maestra Tere, ¿usted por qué está en Morena y por qué apoya a Andrés Manuel López Obrador?
Y para mi sorpresa, sin que mi mamá se hubiera percatado de que estaba detrás de ella, respondió:
—Por mis hijos, quiero que tengan mejores condiciones de estudio y de trabajo.
Ahora que soy una mujer adulta me pongo a pensar en que claro que a mi mamá le preocupaba tener tres hijos en la prepa y a punto de ser universitarios; ella veía y vivía las complicaciones de la privatización de la educación y de los trabajos mal pagados.
Retomando, al escucharla, supe que su lucha era mi lucha, así que a partir de ese momento, con más ánimo, fuerza y energía, la acompañaba a repartir el periódico Regeneración a las comunidades. Fuimos las primeras en predicar la palabra de la Transformación en Cheranástico, Ahuirán, Quinceo y otras comunidades.
Llegábamos también a Charapan, Nahuatzen, la Cañada y otros lugares de la región.
Comenzamos a generar esperanza y para 2012 se postuló nuevamente Andrés Manuel López Obrador contra Enrique Peña Nieto.
Fue mi primera elección, pues acababa de cumplir 18 años. Me tocó ser presidenta de una mesa de casilla porque para ese entonces ya estaba estudiando Derecho en Morelia y en el Instituto Federal Electoral (IFE) dijeron que por el grado de estudios me tocaba.
Estuve desde las 7 de la mañana hasta las 10 u 11 de la noche; el conteo fue un tormento, pero se ganó en esa casilla.
Sólo que para cuando pude ver los resultados finales, me llevé mi primera desilusión en las urnas. Perdimos pese a las pruebas de las tarjetas Monex, pese al movimiento #YoSoy132 que seguimos con mi hermano Ángel. Ninguna prueba fue válida para el Instituto Federal Electoral y nos robaron la elección.
Ya en Morelia, conocí a la secretaria de Jóvenes del primer Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Michoacán, Carolina Rangel Gracida, tras un evento en contra de la Reforma Energética en la Plaza Melchor Ocampo, en el que mis compañeros de la organización estudiantil Visión Nicolaita me pidieron representar con un discurso.
Ella me invitó a participar en las actividades de la Secretaría y nos hicimos grandes compañeras.
Para 2015, mi hermano me dijo que me registrara para participar en las consejerías distritales y me convertí en la primera secretaria estatal de Morena de diversidad sexual.
Seguía yendo al pueblo cada ocho días y con mi mamá y los profes Memo Amezcua, Cristina Amezcua e Irma García nos íbamos a conformar los Comités de Protagonistas del Cambio Verdadero.
Fue para 2015 también que, una vez que se llevó a cabo la votación para que Morena fuera partido político, voté en contra porque veía venir todo lo que ahora ocurre; fue también el tiempo quien me hizo comprender por qué era necesario e importante llegar al poder y a gobernar. Teníamos que transformar todo desde adentro.
Y en ese memorable 2015 fue nuestra primera elección gubernamental en Michoacán. Salimos a convencer de que María de la Luz Núñez Ramos era la opción por Morena.
Me invitaron al Partido Acción Nacional (PAN) y al PRD, pero les dije que no, que yo era fiel a Morena.
Llegó, rumbo a las elecciones de 2018, Gabriel García al estado y me nombró delegada distrital local en la cabecera 05 en Paracho. Él nos hacía evaluaciones continuas, así que no podíamos simular el trabajo.
Muchas personas se burlaban de mi familia porque decían que Morena nunca iba a ganar una elección y que Andrés Manuel López Obrador nunca iba a ser presidente, pero el tiempo nuevamente se encargó de poner las cosas en su lugar.
De 2015 a 2018, Andrés Manuel López Obrador visitaba Michoacán constantemente y siempre mis papás iban a verlo. A mi papá le daba orgullo verme con él en los templetes; hasta me gritaba y me saludaba, se ponía casi hasta adelante para que nos viéramos.
A principios de 2018, estando en mi pueblo, Paracho, me llamaron para pedirme que me fuera a la Ciudad de México. Fue allá donde Andrés Manuel López Obrador dijo:
—La siguiente candidatura a la diputación federal en el listado número tres, por la quinta circunscripción, es para una mujer, joven, indígena y actualmente secretaria de la diversidad sexual de Morena en Michoacán.
Recuerdo que después del impacto, lo primero que hice fue llamarle a mi mamá y decirle que ya no iba a regresar al pueblo, que me mandara por favor algo de ropa y unos documentos para mi registro. Y llegó mi tío Víctor con doña Lety a Ciudad de México.
Todos estábamos incrédulos. Me decían que me iban a quitar para poner a mi suplente, quien por cierto fue Carolina Rangel. Luego que no me iban a dejar llegar y cosas muy crueles; eso sin mencionar los ataques por mi orientación sexual.
Y se llegó el gran día, nuevamente en las urnas y por tercera ocasión el nombre de Andrés Manuel López Obrador, pero la primera y única por Morena.
2018 fue el año de la Transformación para México.
¡Ganamos! ¿Ganamos? ¡Sí! ¡Ganamos!
Ganó Andrés Manuel López Obrador y con él, el pueblo.
Me quedo con el orgullo de haber sido parte de la Comisión que recibió al presidente Andrés en su toma de protesta, de haber colocado en el texto constitucional, en el artículo tercero, la impartición de educación sexual; haber sido la creadora de una Comisión Ordinaria de Diversidad Sexual en conjunto con Juventud y de haber realizado Parlamentos Juveniles a los que ellos mismos nombraron “Por la Inclusión”.
Y lo más importante, las grandes reformas para el bienestar del pueblo de México.
Para 2021, conté con el apoyo del pueblo de mi papá, San Isidro, y pude seguir como diputada federal.
Fueron los pueblos y grupos de mujeres quienes para 2022 me empezaron a decir:
—Celeste, queremos que seas nuestra senadora.
Al principio me daba risa e incluso lo veía lejano. Fueron tantas las veces que me lo dijeron que comencé a creer que podía darse y participé.
Nuevamente muchas personas se burlaron de mí, que porque no tenía dinero, que porque no me conocían, que porque no soy de ningún equipo ni padrino político.
Pero tuve un gran equipo: el pueblo de Michoacán, mi familia y Tania y Richard, mis compañeros de batallas. Y aunque nos humillaban muy feo, nunca desistimos.
Así que, previo a 2024, apoyé sin duda alguna a Claudia Sheinbaum Pardo, a quien había apoyado en 2018 para que fuera Jefa de Gobierno y le levanté la mano en un evento de diversidad sexual y de género, y de quien el maestro Abraham Capiz me contó que vivió en Cheranástico, pero no le creí y me dijo: “cuando la veas, le preguntas”.
Así que la primera conversación en Zitácuaro que tuve con la ahora mejor presidenta del mundo fue para preguntarle:
—¿Sí es cierto que usted vivió en Cheranástico?
Y me dijo que sí y me preguntó de dónde soy.
Como siempre, orgullosa respondí que de Paracho.
En este 2026, soy, con 33 años, Senadora de la República con licencia, pues me encuentro participando como aspirante a coordinar los trabajos en defensa de los Comités de la 4T y la Soberanía Nacional.
Ha sido un camino largo, difícil, pero siempre lleno de esperanza por la transformación. Sigo convencida de que debemos seguir caminando juntas y juntos por el bienestar de Michoacán. Nuestro estado puede y merece más.




