¡Entre mariachi y banderas! Así se vivió el Grito desde Morelia
MORELIA, Mich., 1 de diciembre de 2025.- Con el caso de Carlos Manzo cayó la cortina del reclutamiento de menores del crimen organizado. No es nuevo, ha estado en las noticias desde hace varios años, y una adolescente de Apatzingán relató su experiencia desde prisión años antes de que Fernando Josué y Víctor Manuel fueron cooptados como sicarios por el cartel.
La asociación Reinserta entrevistó a una adolescente privada de la libertad en Estado de México, para que expusiera cómo llegó a las filas del crimen organizado y su testimonio se encuentra publicado en la página oficial de la organización.
Nací en una familia amorosa, nos protegíamos unos a otros y mis papás nos cuidaban mucho. Mi mamá era ama de casa, mi papá salía a trabajar. Desde chica me di cuenta que mi papá trabajaba para la delincuencia organizada, guardaba en la casa armas y dinero, y él lo decía abiertamente, no con orgullo, sino como para que no hiciéramos lo mismo”, así comienza la historia de la adolescente.
Durante su infancia creció con pocas carencias, pero en el momento crítico de su desarrollo: en el inicio de la adolescencia, sus padres se separaron, y poco después fue detenido su papá y sentenciado.
La joven pasó de una casa a otra y comenzó a consumir alcohol y drogas.
En un contexto donde el crimen organizado es parte de la comunidad. Con amigos y familiares directos en la estructura criminal, no fue desconocido para ella el ambiente y se involucró sentimentalmente con un joven de un grupo criminal que operaba en Michoacán, Guerrero y Jalisco.
Pero los grupos criminales también le quitaron a su pareja, que fue asesinada, así como le habían quitado a su papá: su adoración.
La muerte de su pareja la llevó a participar activamente de las actividades delincuenciales, buscaba justicia para su amado.
“A los quince años tenía un novio que quería mucho, él tenía diecinueve y era hijo de uno de los jefes de un cártel, pero me lo mataron, y su papá -y el cártel en general-, me contactó para pedir mi cooperación y encontrar a los culpables, así fue como empecé a formar parte del cártel de manera oficial. El grupo al que pertenecía se dedicaba al tráfico de droga y a la trata de personas, específicamente a la venta y prostitución de mujeres, operaban en Michoacán, Guerrero y Jalisco. Me involucré con todo, desde el secuestro, la tortura y el asesinato, y pus no sentí nada, como si no hubiera hecho nada malo. En mi entrenamiento me dieron una pistola calibre .22 para mi trabajo y me enseñaron a armar y desarmar armas, y unas clases rápidas para poder escapar en caso de ser necesario”, expresó al entrevistador.
Luego pasó de buscar justicia a otras actividades como la trata de mujeres.
Mi trabajo era atraer mujeres, era el anzuelo, las llevaba a lugares o situaciones vulnerables para que mis compañeros las secuestraran, también me encargaba de las negociaciones para la prostitución de mujeres”, añadió.
En su paso por el crimen organizado conoció a otros adolescentes como ella, de entre 14 y 16 años, pero nuevamente se enamoró de otra persona mayor, nueve años más, y también ligado al cartel.
Mi pareja es hijo del jefe de un grupo de delincuencia organizada, por eso me empezaron a conocer todos, de por sí ya me ubicaban por mi papá, ahora ya era famoso entre la gente del cártel. Yo decidí salirme de ahí, pero mi pareja siguió dentro, así que nunca pude zafarme por completo del grupo”, dice a la letra el documento oficial.
Pasaron una temporada juntos, pero el amor duró poco. Intentó abandonar las actividades criminales, pero sin orientación, guía ni familia, volvió a caer, esta vez participó de un secuestro, delito por el que fue sentenciada.
Un día, mi pareja me dijo que había un jale grande, un secuestro con ganancias millonarias, diez millones de pesos aproximadamente, de los cuales nos iba a tocar una buena parte. Yo le dije que quería unirme, me gustaban las cosas arriesgadas, así que nos fuimos al Estado de México. Hicimos el secuestro y todo iba bien, pero después de cuatro días, por un descuido nuestro, la víctima logró escapar y por eso nos agarraron”, ahí terminó su paso por la delincuencia, porque pasaría cinco años más privada de la libertad.
Y si bien la historia parece tener un final feliz, cuando habla de su interés por estudiar, hay un giro inesperado en sus últimas líneas: no se arrepiente de nada.
“Ya no tengo contacto con la organización, ni planeo regresar. Cuando salga, quiero terminar mis estudios…[...]... Aun así, no cambiaría nada de mi historia, pero sí me gustaría aconsejarle a los niños y niñas que piensan meterse en esto, que lo piensen dos veces, porque muchos mueren en el intento”, finaliza su historia.
No obstante, las evidencias recabadas por la Fiscalía General del Estado y el reclutamiento, en Michoacán este delito no ha sido tipificado, se encuentra archivado en el Congreso local, lo más cercano es trata de personas o corrupción de menores.




