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MORELIA, Mich., 1 de noviembre de 2025.- A 25 años de la novela Nadie me verá llorar, Cristina Rivera Garza conmemoró su obra con una presentación en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2025.
Nadie me verá llorar es una novela creada a partir de notas de archivo de una mujer llamada Modesta, a quien la autora transforma en el personaje de Matilda. En la historia, un fotógrafo llamado Joaquín reencuentra en un manicomio a Matilda, una exprostituta a quien había retratado años atrás. Fascinado por su enigmática presencia, decide investigarla, dando pie a una exploración sobre la locura, la memoria y la resistencia del personaje, quien vive atrapado en un entorno profundamente hostil.

Durante su presentación, la escritora señaló el carácter investigativo de su obra, que combina la imaginación con el archivo.
“En este libro está presente el papel del documento en un tiempo en que no había Wikipedia, cada dato que está ahí está investigado a pie y a mano”, contó durante la conversación con Jesús Ramírez-Bermúdez.
La escritora relató que visualiza una línea entre sus distintos libros, escritos entre 1999 y 2021, mientras aprendía a cuidar de las palabras, experiencias y huellas de las personas sobre las que escribe.
Expuso que “hay un salto que va de Nadie me verá llorar, Había mucha neblina o humo o no sé qué, a la Autobiografía del algodón, hasta llegar al Invencible verano de Liliana, creo que hay un aprendizaje o un desaprendizaje a lo largo de los años, un juego con el archivo, con las palabras de los otros y un ir recogiendo huellas”.
En contraste, contó cómo al escribir La Cresta De Ilión le parecía un libro radicalmente diferente a Nadie me verá llorar, porque tenía que ver con el tiempo y no con el espacio. Sin embargo, en entrevistas los periodistas le preguntaron por qué seguía escribiendo de lo mismo y entonces comprendió que eran obras similares en temas, personajes y narrativas.
“En efecto, a lo mejor en términos de las estrategias era una novela muy distinta, pero hay médicos, hay hospitales, hay fin del mundo… uno va dejándose sorprender por lo que los personajes y el lenguaje hacen con uno, que es por lo regular lo que les da la gana”, explicó.
Asimismo, la escritora expuso que una parte fundamental en la experiencia del archivo es el tacto. “Cuando abrí el expediente de Modesta Burgos, lo que más me impresionó fue que contenía cartas y notas, lo que ella llamaba sus despachos diplomáticos”.
Para no pasar por alto ningún detalle, de esta caligrafía tan difícil de descifrar, explicó que debía reescribir todo, por lo que utilizó papel cebolla y un lápiz de tinta que dejaba los dedos manchados de morado.
“Para mí, como investigadora interesada en habitar las palabras de otra persona, realizar la transcripción caligráfica era fundamental. No se trataba solo de aclarar la letra, sino de poner en juego el sentido del tacto”.
Desde la decisión de tomar el lápiz hasta la cercanía con los materiales, enfatizó, el proceso creó un vínculo íntimo con el personaje. Por ello, en esta nueva edición incluye un cuadernillo que reproduce esa experiencia material.




