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MORELIA, Mich., 2 de noviembre de 2025.- De acuerdo con la Constitución de Michoacán, la síndica Hilda Flor del Campo Maldonado Medina será declarada en las próximas horas encargada del despacho de la Presidencia Municipal de Uruapan, luego del asesinato del alcalde Carlos Manzo.

La funcionaria asumirá el mando transitorio hasta por 60 días, periodo durante el cual el Congreso del Estado deberá designar a quien ocupará de manera definitiva la titularidad de la alcaldía para concluir el trienio constitucional.
En caso de que no sea ratificada Flor Maldonado como presidenta definitiva, la carta más fuerte para ocupar el cargo es la viuda de Manzo, Grecia Quiroz García, quien goza del mayor respaldo del movimiento político y social que encabezaba su esposo.
Y para muestra, un botón: la mañana de este domingo, durante el homenaje de cuerpo presente en la plaza principal de Uruapan, miles de asistentes aclamaban al unísono “¡Presidenta, presidenta!”, mientras entre lágrimas Grecia Quiroz pronunciaba un discurso en el que con determinación juró continuar el legado de su esposo y, con el puño en alto, llamó a la multitud a no dar un paso atrás en la lucha que él encabezó.
Su mensaje, centrado en la defensa del proyecto independiente que construyeron desde las calles, dejó entrever algo más que un gesto de despedida. Al asumir públicamente el compromiso de “seguir la lucha” y mantener viva la organización ciudadana que su esposo impulsó, Quiroz marcó el inicio de lo que podría convertirse en una sucesión natural dentro del movimiento.
Su presencia firme, el respaldo popular y el grito espontáneo de la multitud sugieren que, más que un duelo, el acto se transformó en un punto de arranque político donde la viuda del alcalde asesinado podría reclamar la silla que él dejó vacante.
Otras cartas visibles para la sucesión
Otros perfiles que también se barajan con fuerza son los de Esteban Constantino Pulido, Carlos Alejandro Bautista Tafolla y Sigifredo Mujica Espinosa, todos ellos colaboradores cercanos, aliados políticos y amigos personales del alcalde asesinado, figuras con trayectoria en la estructura municipal y dentro del grupo fundacional que impulsó el proyecto político de Carlos Manzo.
El crimen del munícipe ha sacudido de nuevo a Michoacán. Con su asesinato, ya suman siete los alcaldes asesinados en los poco más de cuatro años del actual sexenio estatal, un hecho sin precedente que exhibe la grave vulnerabilidad de las autoridades locales frente al poder criminal.
En regiones como Uruapan, Zitácuaro, Aguililla, Tepalcatepec, Zamora y Apatzingán, la infiltración, presión y violencia del crimen organizado se han convertido en una constante que condiciona el ejercicio del poder municipal.
Alcaldes, síndicos y funcionarios de otros niveles viven bajo amenaza o control de grupos armados que disputan el territorio, la economía y las rutas estratégicas del narcotráfico.
El clima político y social en Uruapan es de consternación y caos. El asesinato de Manzo se suma a una larga cadena de atentados, privaciones ilegales de la libertad y extorsiones que han dejado a la población en medio del miedo y la incertidumbre, mientras el Estado mexicano ha sido incapaz de recomponer la estructura institucional en una de las zonas más violentas del país.
Las calles, las plazas y los comercios operan bajo una tensa normalidad, mientras el Ayuntamiento busca reestructurarse en medio del duelo y la parálisis, en un contexto donde la impunidad, la intimidación y el vacío de autoridad parecen imponerse sobre la ley.




