MORELIA, Mich., 5 de abril de 2020.- Para el académico Federico Berrueto, el presidente Andrés Manuel López Obrador es irresponsable e incomprensible en el marco de la pandemia del coronavirus que acecha al país.

Más aún, descifra el director del Gabinete de Comunicación Estratégica, frente al riesgo sanitario el tabasqueño “conspira contra sí mismo cuando no cuida su salud…”.

En la ya habitual conversación semanal con Quadratín a propósito de su columna Juego de espejos que publica en Milenio, el académico critica la actuación del subsecretario López Gatell, y desliza que “alguien hace mucho negocio” con la crisis del Covid 19.

—Señalas en tu colaboración de este domingo que es una irresponsabilidad del Presidente no cuidar su salud. La Presidencia sí está tomando algunas previsiones para evitar contagio; ahora sus eventos ya no son con multitudes, incluso en sus comparecencias mañaneras no hay la misma concurrencia. ¿No te parece inexacta tu apreciación?

—No, no es inexacta. Sí es cierto que los eventos y las giras no son como antes, pero continúan siendo un mal ejemplo y persiste la amenaza de contagio, ser contagiado y contagiar. El Presidente es de los grupos de riesgo: por edad y por sus afecciones cardiacas. El Presidente es muy descuidado de su salud. Así ha sido siempre. La cuestión es que él tiene una responsabilidad ante el país por su investidura. Si se enfermara o perdiera conciencia derivado de una afección, esto abre una crisis de Estado en un momento crítico para el país por la situación que se vive. Si el Presidente faltara estamos hablando de un escenario indeseable con potencial desestabilizador. El Presidente señala que hay conspiración para deponerlo. No creíble. Es parte de su juego para ganar simpatía, que los suyos cierren filas junto a él y victimizarse. Siempre lo ha hecho. Lo que sí es cierto es que él conspira contra sí mismo cuando no cuida su salud. Es irresponsable sin duda alguna y también lo es el círculo cercano que se lo permite o quizás lo promueva. Es irresponsable, sí, y también incomprensible, como se titula la colaboración de hoy domingo.

—Afirmas que el subsecretario Hugo López-Gatell está en contra de las pruebas. ¿No será más bien que él está en contra de las pruebas patito que están circulando por el mundo, pruebas rápidas, muchas de ellas provenientes de China que son muy poco precisas? Pruebas no confiables es mejor que no pruebas, ¿no lo crees así?

—Efectivamente, pruebas no confiables, como le sucedió hace algunos días al gobierno de España que compró un lote de este tipo de exámenes y el nivel de precisión era de 30% en lugar de 80% prometido. Pruebas no confiables, desde mi punto de vista, lo son las que estén arriba de 99% no es recomendable.
El problema del virus en cuanto a contagio es la proporción de asintomáticos a quienes se tiene que identificar y aislar, y por otra parte que se tiene que diferenciar a quien padezca del Covid 19 respecto a otros padecimientos semejantes como la influenza. Lo que ocurrió en el hospital del IMSS de Monclova es un ejemplo. Se pensó que era influenza y hubo contagio generalizado porque era Covid 19, no se actuó con acierto y eso costó vidas humanas, entre otras, las de un médico de excelencia. López Gatell y el gobierno federal están obstruyendo la compra de pruebas confiables. Existen en el mercado internacional, especialmente en EU, son considerablemente más económicas de las que están haciendo los hospitales privados y tienen niveles de confiabilidad por arriba de 99 por ciento. Tan simple como esto, la OMS recomendó pruebas, pruebas, pruebas. López Gatell se pronuncia por un esquema muy estrecho para pruebas. Hacerlas es difícil y en los laboratorios u hospitales muy oneroso. Alguien está engañando y alguien está haciendo mucho negocio con el esquema actual. Debiera abrirse el mercado a pruebas confiables. Las cifras oficiales no son confiables, como lo son casi las de todos los países, porque no hay manera de medir con precisión el contagio. En la medida en que las pruebas son escasas y muy selectivas, mayor será la imprecisión. Creo que el señor subsecretario es incomprensiblemente irresponsable, pero más que él, quien lo nombró y le ha confiado la estrategia de salud.

EBRARD, POLÍTICO PROFESIONAL

—¿Por qué crees que es acertado involucrar a las fuerzas armadas y designar a Marcelo Ebrard como responsable del área política en esta crisis?

—El país no tiene gabinete, tiene un Presidente protagónico en exceso. Se da tiempo para entrevistas diarias mañaneras, para giras, para otras actividades y no se da tiempo para coordinarse con el secretario de Hacienda en los reportes que el gobierno federal debe presentar a la Cámara de Diputados. El Presidente no trabaja. Es igual que Peña: los secretarios no tenían acuerdo. En eso son iguales López Obrador y Enrique Peña. Aquél porque le encanta la grilla y éste no se por qué razón, lo cierto es que había decisiones que se tomaban en el campo de golf y no en el acuerdo presidencial. Los presidentes, todos, deben estudiar, trabajar en el escritorio. Informarse institucionalmente y no por el chismoso que le construye una realidad a modo. El Presidente está desinformado hasta de lo más elemental. Por eso nos parece tan errático, tan incomprensible.
Si el Presidente no quiere dedicar tiempo, estudio y atención a los problemas de salud y a los de orden económico, Ebrard es un político profesional que ha pasado por muchas experiencias y sabe que no se puede improvisar ni engañar ni dejarse engañar. Es un golpe muy severo para la señora Olga Sánchez Cordero, a quien le correspondería la coordinación del gabinete. Si el Presidente no le ha dejado siquiera que coordine su propia dependencia, menos lo hará para el gobierno. Es una pena, porque estos son momentos para un manejo de la política interior con claridad. La señora simplemente no le sire para eso. Sí lo puede hacer Marcelo Ebrard, pero el problema es que es canciller, no secretario de Gobernación. Una crisis como la que se perfila requerirá orden y disciplina. Las fuerzas armadas son garantía. Pero se va a requerir dotarles de muchos recursos y elementos para que puedan cumplir.

—Veo que te impactó mucho el testimonio de contagio que brindó Omar Fayad ante Azucena Uresti…

—Me resultó desgarradora la descripción de su padecimiento. Omar es amigo desde hace tiempo, igual que Francisco Domínguez y en los últimos años he tenido una muy estrecha comunicación y relación con Adán Augusto, gobernador de Tabasco, un gran hombre y muy cercano al Presidente. Lamento mucho que los tres estén pasando por el contagio. Afortunadamente ya van de salida en su padecimiento, aunque la experiencia les debió resultar traumática. Mi reflexión es que al escucharles veo lo difícil y lo agresivo que es ese contagio, ellos tienen condiciones inmejorables de atención. ¿Qué sucede con la gente pobre que resultará positiva más adelante si tenemos que hacer uso de 30 mil camas solo para atender ese problema?

—No descartas que puede haber 150 mil contagios en 45 días. ¿No te parece exagerado?

—No es exagerado, de hecho pueden ser 300 mil. No estamos acostumbrados al crecimiento exponencial. Si todos los días los contagios aumentan 14 por ciento, en mes y medio serán más de 300 mil los contagiados. Si es de 11 por ciento serán 150 mil. Lo que digo es que hay que estar preparados como sociedad para un fenómeno de tal magnitud. Eso está sucediendo en países que estaban tan seguros como nosotros hace poco más de un mes y ahora viven en el terror por la proximidad de la muerte, el desborde de la infraestructura hospitalaria y la paralización de la economía por las políticas radicales de distanciamiento social. Creo que las autoridades deben ser más claras respecto a la situación. Concretamente propongo que sea el Consejo General de Salubridad el que informe. La palabra presidencial se ha devaluado y la de su vocero de la crisis simplemente nada vale porque le da por su lado. Dice una cosa al público y otra al Presidente. Tengo la convicción que estamos en muy malas manos para un problema tan delicado.

—¿Crees que nos pueda suceder lo mismo que a Italia y España?

—¡Claro! Cometimos los mismos errores, minimizamos la amenaza. Esa es responsabilidad del Presidente y de su subsecretario. El mal ya está aquí y esta creciendo de manera exponencial.
Tenemos la ventaja de que está llegando más tarde que en otros países y esto significa que ya hay mucho conocimiento en el mundo de cómo lidiar con el padecimiento y sobre todo para los que llegan en condiciones críticas a la atención médica. Pero no tenemos la infraestructura hospitalaria que tienen los países desarrollados. Además tenemos un problema abrumador de diabetes por el sobrepeso que hay en todos los grupos de edad. Eso significa que contrario a lo que supone el presidente López Obrador respecto a las fortalezas de los mexicanos para enfrentar este tipo de amenazas es justamente lo contrario. Podemos tener muchos casos críticos, incluso fallecimientos de personas jóvenes por el problema de la diabetes.
Hay solución en la circunstancia actual. La designación de Ebrard es un acierto y ahora se requiere que el Consejo General de Salubridad tome control, como está previsto en la Constitución. El Presidente lo debe facilitar. El secretario de Relaciones Exteriores debe concertar con todos los países una iniciativa global y apoyo para México. A los gobernadores se les debe dar más libertad para actuar bajo lineamientos que determine el Consejo General de Salubridad. Asimismo, la medicina privada puede ser un extraordinario apoyo para contener esta amenaza a la salud pública.

—Sin embargo, al final eres optimista, dices que vendrán tiempos mejores…

—Claro que vendrán tiempos mejores, eso sí lo sabemos. Lo que no sabemos es qué tan profunda será la herida al país tanto en términos de salud pública como de economía. La complacencia de inicio obliga a actuar con mayor determinación. Es tarea de todos hacerlo. Y sí, efectivamente, vendrán tiempos mejores. Ciertamente, la crisis es temporal, pero el costo y su secuela dependerá de lo que se haga en estas semanas. Que se haya actuado con complacencia en los momentos iniciales de la pandemia vuelve ahora imprescindible actuar con responsabilidad. No será la primera vez que la sociedad, sus médicos, soldados y mexicanos de bien hagan lo suyo para salir venturosamente de la adversidad. Sin duda, vendrán tiempos mejores…