¿AMLO y Rocha, el principio del fin?
Naturaleza sin violencia.
Gerardo A. Herrera Pérez
Crear y desarrollar conciencia en la población es todo un reto, no solo es el desarrollo de conciencia social, es decir conocerme desde lo social, qué estoy realizando, cómo lo realizo, y que de eso me permite sentirme satisfecho en mi compromiso con el otro, no solo humano, sino ser vivo.
Crear y desarrollar conciencia es ir a los entretelones de nuestras vidas íntimas y saber de nuestra hominización, de nuestra antropología, saber de nuestras contradicciones, de las transgresiones de que fuimos objeto en la línea de tiempo; es conocer de nuestra conciencia ambiental, es decir que somos unicidad y simbiosofía, que avanzamos en una racionalidad ambiental y no de destrucción de la naturaleza, al formar a una humanidad económica y no social en espiritualidad. Pero también es tener conciencia cívica, espiritual y desde luego de prevención de la salud.
La humanidad vive en crisis medioambiental, social, mental, educativa, de salud, financiera y desde luego el miedo que no nos permite vivir felices. Diversas áreas naturales son devastadas por el hombre, en su intento de apropiarse de su valor en el mercado; cambio de uso de suelo, incremento de la temperatura, inundaciones, desertificación de tierras y lagos, los gases de efecto invernadero, en fin, un conjunto de elementos que nos advierte que es momento de hacer transmodernidad, de transitar a otra sociedad con nuevas prácticas de consumo y nuevas intersubjetivaciones.
En mi hacer como facilitador de procesos de enseñanza aprendizaje, he planteado atender diversos caminos para mejorar nuestras condiciones de vida, una de ellas es el manejo de la inteligencia emocional, la creación y desarrollo de conciencia, trabajar para construir una racionalidad ambiental, pensar, despensar y repensar en lo que hacemos y porqué lo hacemos, impulsar la apropiación del modelo de la carta de la tierra, para comprender la unicidad y la simbiosofía.
Con los alumnos del doctorado de Ecoeducación del Estado de México, estamos trabajando proyectos de bajo perfil, pero gran impacto; es decir, recuperamos espacios públicos para la sociedad, realizando actividades que permiten remozar y dar viabilidad a quienes en ellos asisten, disfrutan o bien, transitan; las festividades vistas desde las epistemologías del sur, el Día de las Ánimas, nuevamente recrearlas para fortalecer nuestra identidad; y últimamente, la conexión del humano en horizontalidad con los seres vivos, el árbol y su sabiduría Maya.
Para la “cosmovisión maya, el universo estaba conformado de 3 planos que se conectaban entre sí por un árbol considerado sagrado por los antiguos antepasados: la ceiba. Creían que las ramas de dicho árbol simbolizaban el mundo divino y permitían alcanzar a los 13 cielos, sus raíces eran la vía de comunicación entre el mundo de los vivos y del inframundo maya, Xibalbá. Por esto dentro de las comunidades mayas y de otros poblados mesoamericanos, la consideraban una planta muy importante, sembraban un par de ejemplares de ésta en las plazas de sus urbes o en sus alrededores”.
Por ello, quienes se forman como doctores en Ecoeducación y sus facilitadores de dicho proceso están impulsando acciones para motivar, sensibilizar, comprometer procesos de transformación para el bien común. En este sentido, se llevó a cabo un ejercicio al que se denominó “El árbol y la vida”, es decir, el árbol es fuente de vida, provee de oxígeno para la respiración del ser vivo, de atraer el agua para el manto friático, y calmar la sed; pero también da sombra, da madera para el techo de las casas, es fuente de inspiración para los pájaros en donde posan sus cuerpos frágiles y hacen sus nidos, pero igualmente es generador en algunos casos de frutas y alimento para los seres vivos, es decir el árbol cumple una función esencial en el día a día entre los seres vivos, porque controla el clima y transforma.
Para la realización de este ejercicio, se llevaron a cabo expresiones de complementariedad, por un lado, se habló de la importancia de la ceiba en la cultura maya, y de la generosidad que expresa en unicidad para los seres vivos; posteriormente, se prepararon listones con leyendas significativas de la importancia que tienen los árboles para el ser humano, y desde luego, el compromiso que se tiene por cada participante en atender y proteger a un ser vivo, al árbol que da vida.
Una vez concluidos los mensajes y diseños de los listones, la doctorante Rosalinda Herrera subió a uno de los árboles a colocar cada uno de los listones que fueron realizados por doctorantes, maestros y alumnos, los mismos fueron fijados en la parte alta del árbol y sobre la base del piso.
Las y los doctorantes envían a la sociedad un mensaje muy claro en este ejercicio de sensibilización y sostenibilidad: creación de conciencia ambiental, inteligencia emocional, racionalidad ambiental, entendimiento de la unicidad y la simbiosofía, no, a la violencia contra la naturaleza, sí, al cuidado y protección de nuestros bosques, sí, a formar una pedagogía para la protección de la vida, sí, a una ecoalfabetización, tal como lo expresan mis maestros Enrique Leff y Juan Manuel Madrigal Miranda, de aquí muy cerca, de Uruapan. Así los mensajes escritos en los listones, encuentran significado en el cuidado, respeto, protección, y una comunicación permanente; pienso que también existe un lenguaje espiritual entre los diferentes seres vivos, cuidemos de la naturaleza, cuidemos del medio ambiente, cuidemos de Pachamama y de Gaia.




