Némesis
Hace 15 años comenzamos a escribir una nueva historia para México. Una historia que nació de la esperanza, de la indignación frente a las injusticias y de la convicción de miles de mujeres y hombres que creímos que nuestro país podía cambiar. Morena no nació de los privilegios ni de los acuerdos entre las élites políticas; nació de las calles, de las plazas, de las comunidades y de un pueblo que se convirtió en movimiento y decidió organizar e para transformar la realidad.
Quienes somos parte de aquella historia recordamos bien los primeros años. No había cargos, recursos ni garantías de llegar algún día al gobierno. Pero teníamos algo mucho más valioso: principios, convicción y un profundo amor por México. Caminábamos colonias, tocábamos puertas, repartíamos nuestro periódico Regeneración y organizábamos asambleas. Muchos se burlaban de nosotros, nos llamaban locos, pero nunca dejamos de creer que otro México era posible. Yo soy de esa historia y sé lo que significó construir este movimiento desde abajo.
Hoy tenemos razones para sentir orgullo. Con Andrés Manuel López Obrador logramos abrir una nueva etapa en la vida pública de nuestro país, y hoy, con nuestra primera mujer presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, seguimos avanzando en la construcción de un México con más derechos, justicia social y bienestar para nuestro pueblo.
Pero recordar nuestra historia también significa tener la valentía de mirar nuestro presente. Morena no puede olvidar de dónde viene ni permitir que la búsqueda de cargos y los intereses personales nos alejen de las causas que nos dieron origen. Nuestro movimiento nació para servir al pueblo, no para servirnos de él. Y esa diferencia debe estar presente en cada una de nuestras decisiones.
En estos 15 años también debemos reconocer a quienes hicieron posible lo que parecía imposible, a las mujeres que organizaron sus comunidades, a las juventudes que salieron a las calles, a nuestras adultas y adultos mayores que nunca perdieron la esperanza y a tantas familias que nos abrieron las puertas de sus hogares cuando lo único que podíamos ofrecerles era nuestra palabra y la convicción de luchar por un país más justo. Morena no le pertenece a una persona ni a un grupo; su historia le pertenece al pueblo que lo construyó.
Por eso, hablar de nuestros principios también exige reconocer que no todo lo hemos hecho bien. La autocrítica es necesaria cuando existe un verdadero compromiso con la transformación. Debemos escuchar a nuestra militancia, reconocer las trayectorias, respetar las reglas y tener la humildad de corregir aquello que sea necesario. No podemos cuestionar las viejas prácticas políticas si permitimos que se reproduzcan dentro de nuestro propio movimiento. La congruencia comienza por nosotros mismos.
Estoy convencida de que el mejor homenaje que podemos rendir a estos 15 años de lucha no está en las celebraciones ni en los discursos, sino en regresar a nuestras raíces: caminar las comunidades, escuchar a nuestra gente, organizarnos desde abajo y recordar que el bienestar del pueblo debe estar siempre por encima de cualquier aspiración personal.
No olvidemos de dónde venimos, pero sobre todo, no olvidemos para qué llegamos.
Tenemos una responsabilidad histórica de acompañar esta nueva etapa de transformación que encabeza nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y eso requiere unidad, organización, trabajo y mucho compromiso con nuestros principios.
Porque al final, más allá de cualquier diferencia, debe quedar claro algo: nuestra lealtad está con el pueblo de México. La transformación se defiende todos los días, con hechos, con memoria, con principios y, sobre todo, con congruencia.
Como humanista michoacana, y con el ejemplo de nuestro fundador, les digo: Sonrian la lucha sigue.




