Zoé Robledo: la lealtad o el golpe de timón
Contrariamente a lo que López Obrador presumió desde el inicio de su sexenio en el sentido de que tendríamos en México un sistema de salud mejor que el de Dinamarca, su deterioro es tal que hasta los médicos, enfermeras y trabajadores en general del IMSS e ISSSTE están saliendo a las calles a denunciar la falta de medicamentos y de insumos elementales de trabajo para atender a los pacientes, la saturación de cargas de trabajo, los insuficientes espacios para las consultas, así como los raquíticos salarios y prestaciones para las y los trabajadores del sector de la salud pública en general.
Las quejas ya no son sólo de los pacientes que muestran su descontento reiterada y crecientemente ante la mala y hasta pésima atención en clínicas y hospitales, sino de los propios trabajadores que viven en carne propia estos problemas y que además son blanco directo de los reclamos de los pacientes por la falta de atención adecuada, como si médicos, enfermeras o camilleros fueran los responsables.
¿Cómo no vamos a estar mal si desde el 2018 se desmanteló lo que, mal que bien, funcionaba? Recuérdese que bajo el discurso del supuesto combate a la corrupción y de dejar atrás “las políticas neoliberales”, se desapareció el Seguro Popular instaurado por Fox y se decretó la cancelación de compras de medicamentos e insumos a las grandes farmacéuticas, para crear el INSABI y asumir directamente por parte del gobierno las compras de todo lo que se necesitara.
Las consecuencias inmediatas fueron que, por un lado, del 21% de personas que no tenían un aseguramiento identificado se pasara al 43% en la actualidad y que, por el otro, cerca de la mitad del gasto total en salud, provenga directamente de la economía de los hogares mexicanos.
Las madres y padres de niños con cáncer se siguen manifestando por la falta de medicamentos oncológicos. Son esas familias que el Doctor Muerte, el nefasto López Gatell, llegó a calificar de actuar como “golpistas” por exponer sus justos reclamos hasta en los aeropuertos internacionales.
¿Quién no ha padecido la saturación en las salas de emergencia o en las de consulta regular? ¿Cuántos meses tardan para programar una intervención quirúrgica? ¿Por qué el 64% de la población dice haber enfrentado desabasto de medicamentos y el 67.5% que el gobierno ha resuelto poco o nada al respecto, según la reciente encuesta de “México Elige”?
La razón es muy sencilla: la inversión pública en México es insuficiente, apenas entre el 2.6% y el 3% del PIB, cifra muy lejana al promedio de 9.3% de la OCDE, así como de las recomendaciones internacionales que sugieren de un 7 a un 9%, por lo que el gasto por persona en salud en nuestro país es de 1, 588 dólares frente a los casi 6 mil promedio de la OCDE.
Los anuncios rimbombantes de una “megafarmacia” (el costo total proyectado para la “Megafarmacia del Bienestar” alcanzó los 17,635 millones de pesos, según la Secretaría de Hacienda), hoy abandonada, el de miles de “minifarmacias” a lo largo y ancho del país y recientemente el de otros tantos “consultorios populares” en diversas regiones del país, según declaraciones de Sheinbaum, son mera demagogia, intentos para negar la crisis del sistema de salud.
Por eso tienen mucha razón de ser las protestas de las y los trabajadores de la salud, que día con día suman apoyos de otros sectores y que cuentan con nuestra total solidaridad.




