Las víctimas: todos los nombres, un nombre
Los testimonios de este proceso previo al análisis y discusión del proyecto de reforma electoral hablan por sí solos. De hecho, más allá de la insistencia y de la enorme presión que se ejerce a través de las redes sociales, el Partido del Trabajo se ha mantenido firme en su posición. En sus planes, efectivamente, está acompañar todas las iniciativas de la mandataria menos esta. Siendo así, podemos decir que este andamiaje de ideas se desmantelará y, con ello, surgen las preguntas de si habrá repercusiones políticas con la sociedad. Mucho de ello importará la narrativa que maneje la propia mandataria y los órganos de dirección de Morena. Claudia, por ejemplo, ha dicho que respetará el voto de los partidos aliados más allá de que delegó tareas para convencerlos. Este fue, entre numerosos factores, uno de los motivos por los cuales el Partido del Trabajo ha expresado su sentir, corroborado por el propio coordinador de la fracción parlamentaria, Reginaldo Sandoval Flores.
Creemos firmemente que la comisión especial que nombró la presidenta no se esmeró ni mucho menos se esforzó mucho para abrir el abanico al debate. Debo decir, sin temor a equivocarme, que dejaron todo en manos del clima que se formó en la previa. Quizá creyeron que eso sería suficiente en un asunto de la mayor de las relevancias. Fueron, ni más ni menos, seis encuentros donde se convocaron a consejeros del INE, diputados y diversas organizaciones. En realidad, fue más un telón de fondo para convencer una cuestión técnica que ahondara más en el asunto. Se supo también que la opinión de los partidos del Verde no fue incluida en el propio dictamen. Esa forma, para empezar, fue incorrecta a sabiendas de los intereses que están en juego. En resumen, se pasó por alto muchos componentes que pudieron robustecer ese sistema electoral que tenemos.
Tendríamos que remontarnos a los años 80 para entender la realidad que hoy predomina. El simple hecho de haber ganado una presencia sustancial para las voces de las minorías es un logro para el fortalecimiento de la democracia. Un poder reformador, si pretende tener mayor reconocimiento y legitimidad, debe componerse por una representación equilibrada para propiciar el debate. No tendría ningún sentido sucumbir a un parlamento que, en la realidad, no tiene una diversidad de opiniones. Esos largos periodos de lucha social lograron que muchas expresiones tuvieran no solo representantes, sino también voz en la asamblea. Fue, en aquel entonces y hasta ahora, un reclamo social el que se pugna para que la pluralidad reine en todos los sentidos. Además de ello, los nombres y apellidos de 200 legisladores, en primera medida, se basa en una ponderación de porcentajes por circunscripción. Eso, lo vemos ahora, le dio mayoría calificada al oficialismo sumando las voluntades del Verde y del PT.
Esto ha sido fundamental para implementar un plan de reformas que, a menudo, hemos valorado por ser acciones de equidad social, especialmente cuando son de asistencia y respaldo como los programas sociales, la educación, la salud y la seguridad. Empero, llegó al terreno de la discusión el tópico electoral y, por ende, no debe ser dictada una línea más allá de una sociedad que sea rentable y duradera. Me explico: cualquiera que sea el rubro, debe siempre caracterizarse por ser sometida a los órganos colegiados como son las comisiones. Seguido de ello, por su naturaleza, ya estará en cada una de las decisiones las medidas que se tomarán o si se maneja una decisión colectiva. Es el caso del PT, pero en contra de la iniciativa de la mandataria. Sus razones tienen para no hacerlo. El poder reformador, de hecho, no es un organismo o una dependencia del poder ejecutivo, sino una institución emancipada. Se acabó aquel monopolio político del otrora todopoderoso PRI. En aquel tiempo, recuerdo, una maquinaria aprobaba leyes y reformas, inclusive por la vía rápida.
Si alguien busca imponer una ley o reforma, es como darle una puñalada a la democracia participativa. Sus funciones del poder reformador, sabemos, son decisión de cada fuerza, sobre todo en ese derecho a disentir que siempre es letra sagrada. Partiendo de esa premisa, el PT ya fijó su postura y no acompañará el dictamen pese a la enorme presión que predomina en un ambiente hostil. Ellos lo han dicho claro y fuerte, buscan que la consigna sea preservar las voces de las minorías que, basta decirlo, fue una proeza poder lograr una reforma que diera voz y sentido a los parlamentos. De ese modo, lo único que queda esperar es que se consuma el tiempo para corroborar que no pasará el proyecto.
Esto no mermará el potencial que ha ido experimentando el PT. Vemos los claros ejemplos de Durango y Veracruz, donde el Partido del Trabajo multiplicó los puestos de elección popular. Es simple: el PT se ha ido adaptando perfectamente a los cambios políticos y, lo mejor de ello, conserva una enorme estructura a lo largo y ancho del país.




