De frente y de perfil
Experto en gobierno y asuntos públicos.
El Tic-Tac de la ambición: cuando el político se olvida del pueblo.
En la política, tener noción de los tiempos es vital. “Conocer el reloj”, escuché alguna vez de uno de los más grandes políticos contemporáneos de nuestro país. Existen momentos diseñados para la acción y otros para el repliegue; instantes donde el político debe ser prudente, mesurado y cauteloso, y otros donde, según dicte el calendario electoral, debe mostrarse arrojado, intrépido y audaz.
Sin embargo, con el girar de las manecillas, también suele mutar (lamentablemente) la esencia del personaje. Según la cercanía de las urnas, vemos al aspirante transformarse: un día es el candidato afable y "saludador" en modo campaña, y al siguiente, se convierte en el servidor público déspota que solo se sirve del erario.
Paciencia, presencia y prudencia. Esta máxima sobre el reloj electoral nos ilustra que, para alcanzar el poder, el tiempo y el espacio lo son todo. Los noveles, en su ímpetu por llegar, suelen forzar estos tiempos cometiendo pifias que a los "viejos lobos" ya les son ajenas. Ellos han aprendido que este oficio es, ante todo, un ejercicio de resistencia.
Pero aquí es donde debemos detenernos. Mi recomendación para quienes aspiran a la política es que estudien y aprendan a escuchar. Que entiendan el reloj, sí, pero que no pierdan el espíritu de servicio en el proceso. Los ciclos y las fases solo marcan los tiempos; lo verdaderamente urgente es que la clase política no solo se profesionalice, sino que se sensibilice. Que entiendan, de una vez por todas, cómo los percibe el ciudadano y qué es lo que realmente se espera de ellos: que hagan su trabajo con humanidad.
Nosotros, como electores, ya no podemos seguir impulsando a quienes solo se sirven de las carencias del pueblo. No podemos seguir siendo (como se dice ahora) “migajeros”, conformándonos con las sobras de un banquete al que no fuimos invitados. Debemos exigir calidad en su conducta y que su única guía no sean las manecillas del reloj electoral, sino las necesidades latentes de la población.
El dicho popular sevillano, atribuido a Santiago Montoto, resume esta jungla con precisión: “En Sevilla hay que tener paciencia y prudencia, verbal continencia; no exhibir excesiva ciencia, y presencia y ausencia, según conveniencia”. Y aunque en México un famoso exgobernador hoy preso popularizó la frase, su vigencia en nuestra realidad política es innegable.
Este mes de marzo inicia la primavera y, con ella, el germen de los procesos que culminarán en el 2027. Cuando el siguiente equinoccio nos alcance, estaremos listos para elegir. El reloj marcará la hora de la renovación, pero antes de que ese momento llegue, meditemos a conciencia. El próximo año, votemos por la opción que no solo prometa poder, sino que garantice las condiciones para que nosotros y nuestras familias podamos, sencillamente, ser felices.
"La política no es el arte de servirse de los hombres, sino el de hacer la felicidad de los hombres." Confucio.




