Preocupaciones de la vida
“El futuro de la humanidad”
Uruapan, Michoacán, 9 de septiembre del 2018
Cuando leí el: Un mundo feliz de Aldous Huxley, novela futurista muy recomendable, publicada en 1932, yo tenía 14 años ¡Me impactó!
Un mundo feliz trata de una sociedad futurista en donde la gente no tiene problemas, “vive feliz”, así, entre comillas; ya que se trata de una felicidad inducida para mantener el sistema socio económico funcionando; algo similar presenta Wall-E, la película de Walt Disney, también muy recomendable, que exhibe una época en donde, dado que el planeta tierra es inhabitable por la basura y la contaminación, la humanidad se tiene que ir a vivir al espacio en una supernave espacial (casi como hotel de lujo) en donde los robots se encargan de todo, inclusive de manejar la nave, lo que deja a los humanos sin la necesidad de tener actividades, de pensar o de trabajar, teniendo como consecuencia la conversión de sus cerebros en un músculo atrofiado y de sus cuerpos en verdaderas bolas de grasa que solo piensan en comer, descomer y como pasar el tiempo hasta terminar sus vidas.
Un mundo feliz plantea una sociedad fincada en dos estrategias, una reproductiva, en donde todos los niños nacen en probeta (hacer escuincles a la antigüita, como producto del abrazo amoroso de las parejas, es mal visto, antihigiénico y legalmente inaceptable) y otra educativa, basada en el lavado o programación de cerebros por medio de la “hiponpedia”, que induce formas de comportamiento y conocimientos durante el sueño a través de la repetición de conceptos que dejan en la persona la impresión de que lo aprendido es real y la única verdad; forma en la que el “sistema” controla el comportamiento social y programa las conductas necesarias para el mundo socio económico que requiere de una sociedad “educada”, “satisfecha” y sin aspiraciones, que de manera automática genere un ambiente de paz y tranquilidad social que facilite a los gobernantes el control y siente las bases de una sociedad orientada a la producción y al consumo, sin conflictos derivados de la insatisfacción de personas o grupos; algo así como el sueño de los partidos políticos en México, o que, como que en el mundo esclavista del sur de los Estados Unidos antes de la guerra civil, o en el imperio español durante la conquista, o en el imperio romano; los esclavos fueran felices de ser esclavos, los ricachones, políticos y burgueses felices con serlo y los obreros, artesanos, trabajadores y campesinos satisfechos y sin ninguna aspiración más allá de su proletaria condición… ¡Un mundo feliz!
Obvio, para lograr ese mundo feliz, se planeaba con 50 años de anticipación la producción en probeta de los futuros ciudadanos, primero, para evitar la sobrepoblación y segundo, para mantener el balance entre las “clases sociales” y los grupos humanos que diera como resultado el equilibrio necesario para que cada persona tuviera “su” lugar en la sociedad y en la cadena productiva; de tal manera que si se iban a requerir 40 millones de obreros, se alimentaba a 40 millones de bebés probeta con la dieta adecuada para que fueran obreros, lo mismo para líderes, técnicos, ingenieros, supervisores, agricultores, etc. Cada cual con su dieta “específica”, hasta llegar a la cúspide en donde determinadas probetas, con genes seleccionados, se nutrían de forma especial para “producir” a los futuros gobernantes.
¡No!, no estoy anticipando que el futuro de nuestros hijos vaya a ser como el de Wall-E o Un mundo feliz, aunque no veo razones para dudarlo, sobre todo en México en donde el modelo educativo, sin la necesidad de “hiponpedia”, busca producir lo que el sistema económico imperante requiere, hipnotizando a nuestros hijos con el Internet, tablet´s gratuitas en las escuelas y los canijos teléfonos celulares, alejándolos cada vez más, gracias al Whatsapp y a las “redes sociales”, de su propia humanidad y del contacto humano; dejándolos como seres amorfos y manejables para que nutran el modelo de producción y consumo a lo pendejo que hoy impulsan nuestros lídere$ y gobernante$ y orientando su sexualidad con pornografía alejada de todo concepto de ternura, solidaridad y amor, aderezada con drogas, alcohol y tabaco… ¡Perdón, me desvié para desahogar mis frustraciones como ciudadano, ya me siento mejor al compartirlo contigo, gracias por leer, retomo el tema: …¡No!, no estoy anticipando que el futuro de nuestros hijos vaya a ser como el de Wall-E o Un mundo feliz, estoy diciendo que debemos pensar en ello y actuar con visión, generosidad y compromiso para evitar la debacle social que anticipa el camino que llevamos, camino inducido por aquellos que creyéndose dueños del mundo, nos imponen un modelo de convivencia (que por pendejos aceptamos) que ajeno a nuestra humana naturaleza nos empuja al consumo, tanto de cosas que no necesitamos para ser felices, como de drogas y demás porquerías para evadir nuestra realidad y lo miserable de nuestras vidas,… mientras con un irracional afán de lucro, depredamos el planeta y contaminamos la tierra, el aire y el agua ¡El sostén de la vida!… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser Beltrán
Escritor y soñador




