Estudiantes michoacanos: entre pantallas e IA
Armenta se lava la cara
Resulta curioso como algunos gobernantes tratan de lavarse la cara fuera de su terruño, mientras que en su propio solar se muestran intolerantes e intratables.
Buscan el respaldo de fuera, mientras que dentro les pierden el respeto, motivado por sus acciones altaneras, provocadoras y alejadas del buen sentido. Son los auténticos faroles de la calle y oscuridad de su casa.
Uno de ellos es el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, quien no acaba de aterrizar su gobierno, después de haber cumplido un año de ejercicio y busca la comprensión de la prensa nacional convocados a una comida, para justificar las bondades de su proyecto, mientras impone la censura y crea una ley de ciberasedio a la prensa local.
Los resultados de su gobierno no se ven por ningún lado, ya que uno de sus grandes logros que destacó en su informe de gobierno es la rehabilitación de cinco mil calles en la capital, algo alejado de la realidad, ya que la ciudad es un ejemplo del descuido en el bacheo, con algunos que son verdaderos cráteres.
Lo que hizo Armenta y el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, fue bachear algunas pocas calles, para implantar el sistema obligatorio de parquímetros, que les allegue mayores recursos económicos.
Durante una reunión con columnistas de la Ciudad de México trató de justificar algunas de sus acciones, negando el intento de extorsión a empresarios inmobiliarios para la cesión de un terreno y diciendo que ya construyó las casas que la policía requería. Acusó a los poblanos de sectarios, ya que no aceptaban convivir con los policías como vecinos, ese era el meollo del tema, dice.
El rendimiento de Armenta no ha sido el que esperaban los casi dos millones de electores que votaron por él, ya que asumió un modo tiránico, imponiendo un estilo diferente, alejado del mostrado en la búsqueda del voto.
El Armenta sencillo, afable, empático y dialogador que se mostró durante su tiempo como senador y candidato, se transformó radicalmente en cuanto asumió el gobierno, cuando le tronó los dedos a una secretaria de su gabinete o le ordenó a una diputada le sirviera un café, pero más que nada cuando trató de presionar a unos empresarios para que le "cedieran" unos terrenos, bajo la amenaza que de no hacerlo, se los expropiaría.
Esa es la nueva cara mostrada por el Armenta gobernante, intolerante también a la crítica, persiguiendo a periodistas y ejerciendo una censura a los mismos.
A eso se le añade varios asuntos en que se han visto involucrados personajes de su primer círculo que han sido bautizados como los “Noroña” poblanos.
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