Ser joven en Michoacán: existir en modo difícil
Los concursos de belleza, vitrinas de la "belleza ideal", son en realidad un reflejo del patriarcado y la objetivación femenina. Detrás del brillo y las coronas se esconde una estructura de poder donde hombres como Nawat Itsaragrisil ejercen un control absoluto.
Itsaragrisil, director de Miss Universo Tailandia, personifica este problema. En 2016, humilló públicamente a Miss Islandia 2015, Arna Ýr Jónsdóttir, por su apariencia, forzándola a renunciar a Miss Grand International. Recientemente, durante un evento, atacó a Fátima Bosch, acusándola de sabotear la promoción de Tailandia. Humillándola frente a 130 concursantes, la interrumpió, la insultó llamándola "cabeza hueca" y "tonta", le gritó "¡cállate!" y le negó el derecho a hablar. Ante la justificación de Bosch, Itsaragrisil alardeó de su poder económico y amenazó con acciones legales.
La respuesta de Fátima Bosch fue contundente: "Lo que el director hizo es irrespetuoso, me llamó tonta porque tienen problemas con la organización (Miss Universo México) y creo que no es justo (...) Estoy intentando dar lo mejor de mí y él me grita, creo que el mundo debe ver esto porque somos mujeres empoderadas y esta es una plataforma para nuestras voces y nadie puede callarnos". Y añadió: "Espero que todas las mujeres que me ven en casa que no importa si tienes un gran sueño o incluso una corona, si eso se lleva tu dignidad, tienes que irte".
Tras la indignación pública, Itsaragrisil se disculpó vagamente en TikTok. Después, intentó justificar su comportamiento, atribuyéndolo a la "presión" del concurso, mientras se mostraba visiblemente afectado, incluso llorando, ante los medios.
Estos hechos no son incidentes aislados. Revelan la persistencia del patriarcado en la industria de la belleza, donde hombres con poder controlan narrativas, humillan y silencian voces femeninas, minimizando sus acciones con excusas vacías.
Itsaragrisil es solo la punta del iceberg. Los concursos de belleza, a pesar de su falsa imagen de empoderamiento, siguen siendo espacios donde los hombres deciden: qué cuerpos son dignos, qué voces merecen ser escuchadas y qué ideales de belleza deben prevalecer.
Es imperativo denunciar el patriarcado en los concursos de belleza, no solo en la superficialidad de los cuerpos juzgados, sino en la estructura de poder que permite el abuso y la humillación. La valentía de Fátima Bosch al denunciar lo ocurrido es un ejemplo de que la resistencia femenina es fundamental para transformar esta industria. Solo así podremos aspirar a una representación justa y respetuosa de la feminidad.




