La opción
En distintos momentos durante el día, nos topamos con personas adultas mayores, las vemos sentadas disfrutando de la lectura, de la compañía de otras personas, en sus domicilios, pero también las vemos vendiendo productos en los cruceros, o bien, pidiendo limosna, otros más, con un trapito limpiando los parabrisas de los carros, cantando, vendiendo entre los comensales de los portales aquí en Morelia. El espectáculo no deja de ser preocupante, porqué un adulto mayor debe de estar fuera de sus domicilios realizando actividades para palear sus necesidades consiguiendo algo de dinero.
Me pregunto, si es qué, el envejecimiento no es el fin y no, no lo es; es una etapa más de la vida, tan valiosa como cualquier otra, eso me hace pensar en el libro que escribió Simone de Beauvoir “La vejez”, en el cual expresa que “Una sociedad que no respeta a sus viejos no tiene futuro, porque se niega a aceptar su propio destino.” Hoy, más que nunca, necesitamos construir sociedades cuidadoras, que celebren la vida en todas sus formas y edades, como lo que nos recordó recientemente la XVI conferencia de mujeres de América Latina y el Cariba, en donde definió la importancia de la ciudades de cuidados.
En el debate internacional se impulsan acciones para generar condiciones para el desarrollo de ciudades del cuidado; la ciudades de cuidado son un modelo de ciudad que pone la vida, el bienestar y la sostenibilidad en el centro de su organización, planificación y políticas públicas. Este enfoque surge como respuesta al modelo tradicional de ciudad, que ha sido históricamente diseñado desde una lógica productivista, excluyente y patriarcal, que invisibiliza el trabajo de cuidado y margina a quienes lo realizan (principalmente mujeres, niñas, personas mayores, personas con discapacidad, etc.).
Las ciudades de cuidado, son espacios urbanos diseñados y gestionados para reconocer, redistribuir, reducir y remunerar el trabajo de cuidado, promoviendo la corresponsabilidad entre Estado, comunidad, familias y mercado. Las ciudades de cuidado, tienen como base la argumentación de la ética de los cuidados y de la economía feminista.
Cada 28 de agosto, en México, se conmemora el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores. Más allá de los actos simbólicos y las campañas de concientización, esta fecha nos exige una profunda reflexión: ¿cómo estamos tratando a los adultos mayores? ¿Qué significa envejecer en un país con profundas desigualdades, pensiones insuficientes, y prejuicios culturales hacia la vejez?, en donde escuchar tú no puedes, tú no debe, tú no quieres, tú no entiendes, tú no escuchas, tú no sabes.
Para Simone de Beauvoir, la vejez no es simplemente un hecho biológico, sino una construcción social atravesada por el desprecio, el olvido y la inutilidad impuesta, por adjetivos que estigmatizan y prejuician a la persona; con ello, podemos expresar que, las personas mayores son exiliadas simbólicamente de la vida activa, tratadas como una carga y no como sujetos de derechos, de deseo, de historia y de pensamiento.
Otro aspecto importante que nos muestra la teoría es considerar que los adultos mayores tienen un “no lugar”, en distintos espacios estorban al resto de la familia, pero además un sin lugar en la cuestión económica, en la educación, o en la vida pública. Otro más, consideran que envejecer es un ejercicio de resistencia, en México pese a la pensión universal para adultos mayores, muchos de ellos, principalmente mujeres es difícil un acompañamiento emocional, atención médica y redes de apoyo.
Hablar de ética del cuidado implica reconocer que la interdependencia es parte de la vida humana, y que las personas mayores tienen derecho a ser cuidadas con dignidad, pero también a decidir, amar, crear, enseñar y transformar.




