Buscan eliminar pagos por regularización de terrenos en San Quintín, BC
TUXTLA GUTIÉRREZ Chis., 24 de marzo 2026. – Lo que alguna vez fue el granero del sureste mexicano se desmorona entre cifras que hielan la memoria colectiva. En las últimas tres décadas, Chiapas ha sido testigo de una de las contracciones agrícolas más dramáticas de su historia: se pasó de sembrar 850 mil hectáreas de maíz a apenas 200 mil. Detrás de este número, que representa una pérdida del 76 por ciento de la superficie dedicada al grano básico, no solo hay una crisis económica, sino un éxodo silencioso y una estructura social campesina que ha sido deliberadamente desmantelada.
Los 16 municipios que alguna vez vibraron al ritmo de la milpa—Villaflores, Villacorzo, El Parral, Ángel Albino Corzo, Montecristo de Guerrero, Jiquipilas, Cintalapa, Ocozocoautla de Espinosa, Pichucalco, Ixtacomitán, Juárez, Ostuacán, Reforma, Berriozábal, San Fernando y Rayón—han dejado de figurar en los mapas de la producción maicera. La tierra fértil que sostuvo generaciones ahora yace erosionada, urbanizada o convertida en pastizales.
La voz que resuena con la crudeza de los datos es la de Carlos Enrique Bertoni Unda, fundador de la Central Independiente de Obreros, Agrícolas y Campesinos (CIOAC), un hombre que ha dedicado décadas al análisis y la lucha por el agro chiapaneco. En entrevista exclusiva, Bertoni desnuda las causas profundas de un colapso anunciado.
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