Reabrirán parcialmente vialidades en zona del Monumento en agosto
MORELIA, Mich., 24 de julio de 2026.- La ciudad presume calles limpias, plazas barridas y fuentes relucientes, pero pocas veces mira a quienes hacen posible esa imagen. Son los trabajadores manuales del Ayuntamiento de Morelia, hombres y mujeres que entran donde casi nadie quiere hacerlo.
Uno de ellos es Marco Antonio Solís Ferrer, mejor conocido entre sus compañeros como El Buky, quien desde hace casi 21 años retira lodo, basura y aguas negras de las colonias que cada temporada de lluvias quedan bajo el agua.
En Hacienda Tiníjaro, donde el drenaje colapsó por la presión del río Itzícuaro, El Buky se colocó las botas de plástico, ajustó el chaleco reflejante y tomó una pala. Caminó entre el agua contaminada para retirar lodo, basura y residuos que impedían el desalojo del drenaje. Forma parte de la Dirección de Residuos Sólidos y de esa base trabajadora que sostiene el funcionamiento cotidiano de la ciudad desde los oficios menos visibles.
"Literal, sí es un trabajo sucio. Es riesgoso, es infeccioso y por eso mismo hacemos esta limpieza. Es para el bien de todos, no nada más de los trabajadores, también de los colonos", dijo mientras hacía una pausa en la jornada en Hacienda Tiníjaro.
Las inundaciones reunieron a trabajadores de la Dirección Residuos Sólidos, Parques y Jardines y Bien Común. La tarea consistió en retirar lodo, destapar coladeras y dejar nuevamente transitable una colonia que año con año enfrenta inundaciones.
"Lo que hacemos es un lavado integral. Sacamos lodos y dejamos un área saludable y limpia".
Marco calculó que ha participado en estas jornadas durante casi 21 años. En ese tiempo ha visto repetirse la misma escena en distintos puntos de Morelia: calles convertidas en canales, viviendas afectadas y familias que esperan que el agua permita volver a la normalidad.

También ha encontrado lo que el agua arrastra.
"Lo más común son animales muertos. Perritos, gatos… Muchas veces la gente los deja cerca del río o los avienta y terminan atorados en las coladeras. Eso genera tapones", es el testimonio de quien trabaja día a día, quien es testigo de la indiferencia y crueldad de las personas hacia los animales de compañía. Esos que un día compran y quieren y luego les estorban.
Aunque sabe que el riesgo existe, dijo que espera no encontrarse nunca con el cuerpo de una persona mientras realiza su trabajo. Si eso ocurriera, explicó, lo primero sería dar aviso a las autoridades.
A pesar de la exposición a aguas residuales, nunca ha pensado en abandonar su oficio.
"Mi esposa está bien con esto. Nunca me ha dicho que lo deje", asegura mientras sostiene la escoba con su mano izquierda.
Para reducir los riesgos, procura lavarse las manos de forma constante, desinfectarse y utilizar cubrebocas cuando las condiciones lo requieren.
A unos metros trabajaba Jason, uno de los integrantes más jóvenes de la cuadrilla.
"Viene con toda la actitud y a echarle ganas", —lo voltea a ver mientras reconoce que ahí todos trabajan parejo—.
Mientras las palas retiraban el lodo, también aparecían botellas, bolsas de plástico, ramas y otros desechos que terminaron dentro del drenaje.

"Es algo muy común. Ahí todos tenemos responsabilidad, principalmente como ciudadanos", comentó El Buky, para los cuates.
Después de dos décadas haciendo este trabajo, Marco reconoció que la cantidad de basura que encuentra no ha disminuido.
"Seguimos igual", añadió con una sonrisa.
Cuando las lluvias terminan y las calles vuelven a secarse, pocos recuerdan a quienes pasaron horas entre el lodo, el excremento y las aguas negras. Sin embargo, son ellos quienes realizan el trabajo que permite recuperar la vida cotidiana de las colonias afectadas. El Buky es uno de esos trabajadores cuya labor casi nunca ocupa los titulares, pero sin la cual la ciudad difícilmente podría volver a ponerse de pie después de cada inundación.




