Resultados de Carlos Torres Piña al frente de la Fiscalía de Michoacán
MORELIA, Mich., 15 de junio de 20216.- La desaparición cometida por particulares en Michoacán tiene geografía propia. No se concentra en los municipios más poblados ni en las principales ciudades del estado. Las tasas más altas aparecen en tres municipios que, aunque separados por la distancia, comparten una constante: la violencia.
Datos de la Fiscalía General del Estado ubican a Chinicuila como el municipio con la mayor incidencia de desaparición cometida por particulares, con una tasa de 39.13 casos por cada 100 mil habitantes. Le siguen Indaparapeo con 38.55 y Queréndaro con 26.91.
Detrás de las cifras aparecen territorios marcados por enfrentamientos armados, ataques contra autoridades, desplazamientos forzados y disputas por el control de regiones estratégicas.
En Chinicuila, enclavado en la Sierra-Costa, la violencia ha modificado la vida cotidiana de comunidades enteras. Habitantes han denunciado ataques con drones explosivos, incursiones de grupos armados a bordo de vehículos con blindaje artesanal, enfrentamientos prolongados y desplazamientos de familias que abandonaron sus hogares para resguardar su integridad.
Las agresiones han alcanzado viviendas, edificios públicos y corporaciones de seguridad comunitaria. En localidades como Villa Victoria y Coahuayula los episodios de violencia forman parte de una realidad que se repite de manera periódica.
La misma estadística coloca a Indaparapeo en el segundo lugar estatal. En este municipio del corredor oriente de Morelia, la violencia reciente se ha expresado a través de homicidios, feminicidios y ataques directos contra mandos de seguridad.
Tan solo en junio de este año fueron asesinadas tres mujeres en un lapso de cuatro días. Uno de los casos ocurrió en la comunidad de San Lucas Pío. Meses antes, el subdirector de Seguridad Pública Municipal fue ejecutado cuando circulaba por la carretera que conduce a esa misma localidad tras concluir su turno de trabajo.
Los antecedentes también incluyen privaciones ilegales de la libertad atribuidas a grupos armados y despliegues operativos por aire y tierra en respuesta a hechos de violencia.
Queréndaro ocupa el tercer lugar en incidencia de desaparición cometida por particulares. Durante los últimos meses, el municipio ha sido escenario de enfrentamientos armados, bloqueos carreteros, aseguramientos de armas y ataques contra corporaciones policiales.
En mayo pasado, grupos armados protagonizaron enfrentamientos en la comunidad de El Calvario. Los hechos se extendieron hacia Zinapécuaro y derivaron en la quema de vehículos sobre la carretera para obstaculizar el avance de las fuerzas de seguridad.
Un año antes, una incursión armada dejó tres policías municipales muertos. Los agresores utilizaron vehículos con blindaje artesanal y artefactos explosivos.
Para Evangelina Contreras Ceja, integrante del colectivo Desaparecidos de la Costa y Feminicidios de Michoacán (Decofem), las cifras oficiales no siempre reflejan la dimensión de la problemática.
"Es una negativa de las autoridades, no quieren que se vea, es igual con la desaparición, ellos tienden a negarlo. Vemos que si hubo 10, ellos dicen que hubo tres. Es una constante negación", declaró el pasado fin de semana.
La coincidencia entre las tasas más altas de desaparición y los municipios donde la violencia se expresa mediante ataques armados, desplazamientos forzados, homicidios y agresiones contra autoridades plantea una interrogante que las estadísticas por sí solas no responden.
Mientras las carpetas de investigación contabilizan personas ausentes, en estos territorios también se acumulan viviendas abandonadas, escuelas que suspenden actividades y comunidades que aprenden a convivir con la incertidumbre. La desaparición aparece entonces como una de las múltiples expresiones de una violencia que, lejos de limitarse a un solo delito, termina por alterar la vida completa de una región.




