Piden cambiar clasificación de B a A para Los nuevos en el FICM
MORELIA, Mich., 21 de octubre de 2026.- Apostando por un cine autoral e independiente, la productora Itzel Sierra presenta en la edición 2026 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) cuatro producciones: los largometrajes Contra la naturaleza de Axel Bertha y El jardín que soñamos de Joaquín del Paso; así como los cortometrajes El rostro de Jorge Sistos y All the Windows Are Closed de Jorge Camarena.
En entrevista exclusiva para Quadratín, la cineasta explicó que la coincidencia de estos proyectos en el festival es resultado de procesos creativos que se extendieron durante varios años, además de los cortometrajes que filmó el año pasado.
“Este año se juntaron proyectos de muchos años, y los cortos que filmé el año pasado”, comentó.
La productora señaló que los proyectos en los que participa parten del interés de sus directores por contar experiencias personales o explorar situaciones cercanas a sus propias vivencias.
“Conocí a los autores de estos cortos y largos en el camino de hacer cine y todos buscaban contar alguna historia personal o que estuvieran viviendo y quisieran explorar.
Por ejemplo, El rostro es la historia del director; su mamá vivió algo así. Viene de experiencias y de explorar el arte a través de estas perspectivas”, indicó.
Sobre las propuestas que llegan a la pantalla, Itzel Sierra reconoció que se trata de películas que pueden resultar duras para el público.
“Creo que son pelis difíciles. El jardín que soñamos es una película de migración que te deja con el corazón apachurrado al final de la película y Contra la naturaleza es mucho más sensorial. Siento que el público tiene sus opiniones encontradas”, expresó.
Para Itzel Sierra, el trabajo de producir cine comienza desde el acercamiento al guion y continúa con la búsqueda de locaciones, el conocimiento del territorio y la creación de vínculos con los habitantes.
Como ejemplo, compartió la experiencia de El jardín que soñamos, cuyo rodaje se realizó en Amanalco de Becerra, Estado de México. El equipo comenzó a conocer la zona y a sus habitantes aproximadamente un año antes de filmar, en un proceso que permitió establecer una relación con la comunidad.
“Yo normalmente estoy todo el proceso, empezamos desde conocer el guion y en El jardín que soñamos filmamos en Amanalco de Becerra y era como desde un año antes de filmar conocer el lugar y conocer a la gente. Hicimos esa película gracias a que la gente nos abrió las puertas y nos dejó entrar a sus bosques. Fue un proceso de desarrollo de un año para luego llegar y filmar”, relató.
La productora destacó el trabajo de las comunidades que cuidan los bosques y el agua, así como la importancia de reconocer su participación en las producciones cinematográficas.
Explicó que sus habitantes no solo facilitan el acceso a los espacios, sino que se incorporan a los equipos en distintas áreas, como actuación, arte, cocina y transporte.
Asimismo, en Contra la naturaleza, la preparación implicó un acercamiento previo a la comunidad. Itzel Sierra contó que el director pasó varios meses en San Luis Potosí antes de comenzar un rodaje de aproximadamente 10 semanas, periodo en el que conoció el lugar y al protagonista.
Cuestionada sobre las condiciones de inseguridad en las regiones donde ha trabajado, señaló que, aunque sus equipos no han sufrido afectaciones directas, el crimen organizado forma parte del contexto de algunas de las comunidades en las que se han realizado sus películas.
“Todas las películas que he hecho han sido fuera de la Ciudad de México y con todas te encuentras con crimen organizado, que ya se vuelve parte del contexto y parte de la población”, comentó.
Ante estas realidades, la productora reflexionó sobre la responsabilidad de quienes hacen cine al acercarse a comunidades. Consideró que la dimensión política del cine no depende únicamente de los temas que aborda, sino de las decisiones que se toman durante su realización en cuanto al territorio y a los habitantes.
“Eso de que el cine no es político no es cierto. Yo creo que el cine es súper político y creo que más importante que las historias que contamos es cómo las contamos”, afirmó.




