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MORELIA, Mich., 27 de mayo de 2026.- En mayo de 1845, dos barcos de la Marina británica zarparon hacia el Ártico con una misión que prometía cambiar las rutas comerciales del mundo. El HMS Erebus y el HMS Terror debían encontrar el llamado Paso del Noroeste, una ruta que conectaría el Atlántico y el Pacífico atravesando el hielo del norte de Canadá. A bordo viajaban 129 hombres dirigidos por el explorador Sir John Franklin. Ninguno volvió.
La expedición desapareció durante años sin dejar rastro. Conforme pasaba el tiempo, comenzaron a aparecer restos humanos, ropa, cubiertos, botones y campamentos abandonados en medio del hielo. Comunidades inuit relataron haber visto a grupos de hombres europeos débiles y hambrientos caminando por la nieve mientras arrastraban pequeñas embarcaciones intentando escapar del Ártico.
Con el paso de las décadas, investigadores descubrieron que los barcos quedaron atrapados en el hielo durante meses. La tripulación sufrió desnutrición, hipotermia y escorbuto mientras las temperaturas extremas reducían cada vez más sus posibilidades de sobrevivir. Algunos huesos encontrados en la zona presentaban marcas de cortes hechas con herramientas, evidencia que confirmó que varios marineros recurrieron al canibalismo en sus últimos días.
De acuerdo con investigaciones retomadas recientemente por National Geographic y Oceanwide Expeditions, nuevos estudios genéticos comenzaron a resolver parte del misterio casi 180 años después de la tragedia. Científicos analizaron dientes y huesos hallados en distintos puntos del Ártico canadiense y compararon las muestras con familiares vivos de los marineros desaparecidos.
Gracias a esas pruebas, investigadores lograron identificar oficialmente a Harry Peglar, John Bridgens, David Young y William Orren. El caso de Peglar era uno de los más discutidos desde el siglo 19, ya que su cuerpo había sido encontrado junto a documentos personales, pero la ropa que llevaba generaba dudas sobre si realmente se trataba de él.
Los análisis también ayudaron a reconstruir parte de los últimos movimientos de la expedición. Algunos restos fueron hallados a más de 100 kilómetros de distancia entre sí, lo que sugiere que varios grupos intentaron escapar separados mientras avanzaban sobre el hielo buscando comida o ayuda.
Otro momento clave ocurrió entre 2014 y 2016, cuando científicos localizaron finalmente los restos de los barcos desaparecidos bajo las aguas heladas del Ártico. El frío ayudó a conservar habitaciones, utensilios y objetos personales durante más de un siglo, permitiendo a los investigadores descubrir nuevas pistas sobre cómo vivieron los tripulantes antes de morir.
Aunque gran parte del misterio continúa sin resolverse, los investigadores creen que todavía existen restos de más marineros pendientes de identificación.




