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MORELIA, Mich., 10 de abril de 2025.- Versos en la niebla es un poemario que desde la primera estrofa invita a penetrar en sus senderos y hondonadas. Su autor es el médico, poeta, narrador, promotor cultural y político michoacano y guanajuatense José H. Velázquez, creador y mantenedor de los encuentros internacionales de poesía que se realizan en Salvatierra, a donde acuden bates de todos los niveles, procedentes de diversas regiones, rumbos y confines.
José H. Velázquez es un poeta intenso y creador versos que no dejan resquicios a la duda. En su poética impera la armonía, fluye la música del río que entona su alegría y estalla en la cascada. Su obra es rica en matices, por eso los laureles que ciñen su nombre y su estatura; por eso la sonoridad de su voz y de sus libros, como, verbigracia, “Memorias del Fénix”, con el que ganó el Premio Internacional de Poesía “Publio Virgilio Marón” 2025, que otorga el Grupo Editorial Sial Pigmalión de Madrid, España.
De él, del poeta y narrador oriundo de Curimeo y avecinado en Salvatierra, e leído y releído con singular placer su libro referido en el primer parágrafo de esta entrega, “Versos en la niebla”, poemario ligero, veloz y consistente en el que nuestro personaje hilvana imágenes de las que pueblan su memoria con paisajes, escenas, situaciones, pinturas e inventivas, porque sus motivaciones son veneros de metáforas que lo jalan y transportan a crear, ver y sentir aquello que sus versos dicen.
Las flores silvestres de tus labios
son tus pensamientos
convertidos en besos para mí
porque naciste en una corola
de violeta
salpicada con el fósforo
estival de las luciérnagas.
Versos en la niebla fue presentado recientemente en el Museo del Estado de la capital michoacana, la presentación la hicieron los también bates Evelia Flores Ríos y Antolín Orozco Luviano ante un nutrido público, integrado mayoritariamente por narradores y poetas, quienes constataron del alto nivel literario del poeta michoacano por nacimiento y guanajuatense por adopción y decisión propi, bate que pregona a voz en cuello el orgullo por sus raíces, lo que, de suyo, evidencia intencionalmente cuando habla desde las reminiscencias de su pasado infantil, en la inteligencia de que crecimos con la idea de que Curimeo significaba “Lugar de Piedras” por estar saturado de ellas, error que terminó hasta que se publicó que la toponimia de ese vocablo es “allá donde hay fuego”.
Quiero hablar de las piedras
esas que vuelven su mirada
para verme
cuando paso de largo
sin oírlas ni verlas
ni sentirlas
A veces las busco
como apoyo de mis pasos
Esas piedras que están
en los caminos
y que obstruyen de repente nuestro andar
De ellas quiero hablar
Decir que con su velo de niebla carcomida
hermosean el espacio del paisaje de la vida
pocas veces frecuentado por los pasos
de la danza humana.
Para José H. Velázquez todo tiene un perfil de motivación poética, todo: lo que sabe, ve, piensa, siente e imagina. El todo es su manantial, su abrevadero, porque lo mismo escribe de y a las piedras, como hemos constatado, que escribe del tiempo, al amor, a la mujer, a un árbol, a la poesía, al ser y estar, a todo. Esto es que su musa, propiamente, no solamente es un ser humano, una bestia o un deseo, su fuente de creación (la inspiración no existe) son, de suyo, los cinco grandes temas de la humanidad: vida, amor, religión, política y muerte, en ellos todo cabe.
Yo te descubrí
hecha canción en el último
sonido del cenzontle
en el último destello del jazmín
en el abierto corazón del agua
Nuestro bardo también es un enamorado del amor, un amoroso, erótico y apasionado que posee la capacidad de describir finamente aquello que lo lleva a los linteles de la gloria, que es decir a los instantes de satisfacción plena por lo que es, tiene y comparte como entrega y recepción de eso que otros llaman coincidir, amar, cohabitar o, simplemente darse. Sus poemas amorosos, eróticos, apasionados nos lo dejan al descubierto como el hombre que es: sin medias tintas, sin cortapisas, a cabalidad en transparencias.
Yo sé en qué orden explorar
el territorio virgen de tu mundo
Comenzaré por la vereda de tu espalda
o por el fuego fugitivo de tu vientre
El viento en tu cabello invita a explorar la selva
enraizada medusa de tu monte venusiano
sobre el tórrido ecuador de tu figura.
Herlindo (así le digo desde nuestra niñez) estampa imágenes como quien teje un sarape, un huipil o una servilleta. Borda metáforas con la fineza y precisión de la abuela que versificaba colchas y manteles en punto de cruz; la abuela Leobarda Valencia, quien hacía poesía con sus bordados. Esto es que José H. Velázquez, el poeta, es un creador muy leíble y muy legible, al que hay que leer y degustar con calma, despacio, para beber sus versos como se beben los buenos vinos, el tequila y el mezcal. Salud, entonces, que ya me embriagué de poesía con sus Versos en la niebla. Así sea.
