Posada, Rivera y Juan Torres, creadores de La Catrina en sus 3 figuras
MORELIA, Mich., 30 de octubre de 2026.- Los mexicanos, de acá de este lado, le rendimos culto a nuestros muertos. Y lo hacemos con total devoción, con respeto al alma y la memoria de nuestros seres queridos que partieron a otras galaxias, y con un amor que se cultiva en el día a día.
Los mexicanos, de acá de este lado, sentimos que en la noche del primero de noviembre y la madrugada del día dos, nuestros difuntos echan una mirada para donde estemos, sobre todo si es cerca de donde quedaron sus restos mortuorios.
Los criterios de nosotros los mestizos de acá de este lado no son como los de los tarascos, pero tenemos en claro que nuestros amados muertos no se van del todo, por eso los sentimos cerca siempre, y a veces los escuchamos, y en otras ocasiones hasta olfateamos sus humores naturales de cuando estaban vivos.
Nosotros, los mexicanos de acá de este lado, estamos muy sensibles por estos días, porque esperamos con ilusión la llegada del 1 y 2 de noviembre, para acercarnos un poco más a las ánimas de nuestros fieles difuntos.
Yo, en lo particular, ya siento más cerca la presencia de mi padre (Leopoldo Tapia Machuca), de mi hermanito (Eduardo Tapia Campos, el primero, el que murió de niño), de mi Mamá Leoba y de mi abuelita Benita Machuca Zendejas.
Nosotros, los mexicanos de acá de este lado, estamos emocionados y deseamos que en realidad vengan sus ánimas a estar con nosotros.
Por ello, aunque mestizos, también montamos ofrendas; aunque esa cultura es prehispánica, indígena, y lo hacemos con la misma devoción del tarasco que mantiene viva esa tradición.
Nosotros, los mexicanos de acá de este lado de la cosmogonía y la cosmovisión de los pueblos originarios de nuestro país, aprendimos también a esperar nuestros muertos. Así sea.