Conformarán comité curatorial para elegir exposiciones del Macaam

El origen de las llamadas calaveritas, que son composiciones literarias, a las cuales originalmente se les conocía como panteones, se remonta al periodo virreinal, sin embargo, vino su consolidación hasta el siglo 19, ya en el México independiente.
De acuerdo a instituciones como la UNAM y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estas expresiones literarias son muy utilizadas y no requieren de ningún rescate, son parte de la cultura viva de nuestro país.
La evolución de estos versos se dio a través de tres etapas clave. La primera es el antecedente religioso e ilustrado, esto en el siglo 18, ya que uno de los primeros cimientos literarios de personificar a la muerte con humor y sátira en la Nueva España, se encuentra en el libro religioso La portentosa vida de la muerte (1792), escrito por el fraile franciscano Fray Joaquín Bolaños.
Esta obra tenía la particularidad de mezclar lo trágico, lo cómico y lo grotesco, sentando las bases para tratar a la huesuda, a la tilica, y a este ser esquelético como un personaje cotidiano.
La segunda etapa se dio con el nacimiento de la sátira política, la cual fue muy popular en el siglo 19. De esta manera, las calaveritas literarias, tal como las conocemos en la actualidad, nacieron formalmente como una expresión de descontento social y político en el México Independiente.
La primera publicación registrada de un texto con estas características, apareció en 1849, en el periódico de Guadalajara llamado El Socialista, editado por José Indelicato.
En estos versos rimados, se burlaban de las clases altas y de los políticos que querían imitar las costumbres europeas, vaticinando de forma cómica cómo la muerte se los llevaría a todos por igual, es decir, aplicando este viejo adagio de que todos somos iguales cuando nos fundimos.
La tercera etapa vino con la censura y consolidación visual, ya que, debido a la fuerte carga crítica de los versos, estas composiciones fueron frecuentemente censuradas o destruidas por los gobiernos de la época.
Sin embargo, la tradición se volvió imparable a finales del siglo 19 y principios del 20 gracias a las ilustraciones de José Guadalupe Posada -creador de la icónica Calavera Garbancera, más tarde bautizada por Diego Rivera como La Catrina- cuyas imágenes acompañaron a los versos burlescos.
Y ustedes, ¿ya preparan sus versos para próximas fechas?




