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MORELIA, Mich., 6 de noviembre de 2026.- Tras enfrentar un diagnóstico de ceguera y el cierre de oportunidades laborales, Salvador Díaz transformó la adversidad en un proyecto gastronómico con impacto social en Morelia, con el restaurante La Vaca Casimira y Don Chori, un negocio que va tomando fuerza junto a su socio Luis Jáuregui y que hoy destaca no solo por su crecimiento, sino por su firme compromiso con la inclusión laboral de personas con discapacidad.
El proyecto, que fue fundado hace nueve meses tras iniciar con la venta de tacos de cortes finos estilo gaonera en bazares locales, uno de ellos en Plaza La Paz, ha pasado de contar con un solo parrillero a emplear a 16 colaboradores.
Lejos de ocultar las dificultades visuales derivadas de la diabetes y un desprendimiento de retina —padecimientos que le redujeron la visión en un 25 por ciento en el ojo derecho y la pérdida total en el izquierdo—, Díaz García decidió integrar su propia historia al concepto del establecimiento con un toque de humor.
"¿Por qué Casimira? Porque yo 'casi veo'. Entonces de ahí fue de donde nos estamos burlando un poquito de la discapacidad que tengo. Yo a mi edad tengo diabetes", refirió el emprendedor a Quadratín.
La consolidación del restaurante no ha estado exenta de retos logísticos, reconoció, ya que al traer originalmente la idea de comercializar cortes de carne de productores sonorenses desde Guadalajara —donde residía antes de retornar a Morelia—, se enfrentó a la falta de conocimiento del producto entre los consumidores locales.

La solución, dijo a este medio, fue rebanar los cortes y ofrecerlos en tacos durante un festival, lo que detonó una aceptación orgánica que obligó al negocio a expandirse rápidamente.
Para superar las barreras operativas impuestas por su condición visual, Salvador Díaz encabezó el proyecto en mancuerna con Luis Jáuregui, un esquema donde las fortalezas mutuas sostienen el éxito diario de la marca, indicó.
"Yo tengo limitaciones de muchas cosas, pero las limitaciones que yo tengo, son las fortalezas de él, ya que se encarga de toda la cuestión operativa. Yo me encargo un poco más de la atención a los clientes, de que todo esté funcionando a la perfección", señaló.
Más allá del éxito comercial y la apertura de una nueva sucursal, el núcleo diferencial de La Vaca Casimira y Don Chori radica en su vocación inclusiva. Ante la escasez de espacios laborales adaptados para personas con discapacidad en Morelia —donde apenas se registran iniciativas como la cafetería El Gato Sordo—, los socios decidieron abrir sus puertas a talento frecuentemente marginado del mercado laboral tradicional.
Actualmente, el restaurante cuenta con la colaboración de Esmeralda, una joven sorda que se desempeña como mesera desde hace tres semanas tras una adaptación exitosa de su puesto de trabajo.
Asimismo, mediante un acompañamiento coordinado con una asociación civil especializada, de la cual no dio su nombre, el equipo se alista para integrar próximamente a un parrillero y a otra mesera con discapacidad auditiva.
"Somos muchas personas con discapacidad que necesitamos sentirnos útiles, que necesitamos trabajar, que necesitamos generar y aportar como seres humanos responsables", aseveró Díaz García.
Con este esquema, el restaurante busca trascender el ámbito gastronómico para devolver a la sociedad parte del respaldo obtenido en su primer año de operaciones.
"La vida a mí hace un año me cerró las puertas totalmente, pero hoy, después de nueve meses que iniciamos con esto, nos ha ayudado o nos ha bendecido mucho. ¿Qué estamos queriendo hacer? Retribuir un poco a la sociedad, a los clientes, a todas las personas que nos han ayudado, dándole la oportunidad a personas con discapacidad para laborar", concluyó.




