Localiza Policía Morelia a mujer extraviada y la reúne con su familia
MORELIA, Mich., 2 de agosto de 2026.- Tras una misa de agradecimiento por los 100 años de edad, el señor Pedro González llega a un salón de fiestas por la zona de Torremolinos. Con un traje café, un sombrero y apoyado por un bastón y por su familia, el señor se sienta para platicar con Quadratín. De inmediato se echa de ver su gran lucidez.
Primero aclara que este día domingo 2 de agosto no es su cumpleaños, ya que él nació el 1 de agosto de 1926, en una comunidad llamada San Rafael, del municipio de Cuitzeo, "todavía existe la casa", asegura.

Ahí tenían chivas, borregos y otros animales de granja cuando llegó la fiebre aftosa, y murieron todos los animales de pezuña abierta; "solo burros y caballos, eso no, pero lo demás... Estaba la laguna seca, abrieron zanjas con una draga para llevar a los animales al sacrificio".
Recuerda que en aquel entonces tenía unos 12 o 13 años; eso le impresionó, porque además, cuando mataron a todos los animales, el campo se quedó solo y triste. "Fue cuando yo tuve que venirme aquí a la ciudad, y aquí no había qué; yo era el que iba a cuidar el ganado al campo, y yo dije: 'Aquí se acabó todo", cuenta con la voz entrecortada.

Llegó a la capital con sus abuelos Antonio y María, a los que les decía papás. También tenía tíos y otros familiares que vivían en la colonia Obrera. Entonces tuvo que buscar qué hacer, en qué trabajar, porque en ese tiempo no había trabajo.
El hombre de los 100 años narra que trabajó la herrería, primero como aprendiz, donde no ganaba mucho; fue cargador. También hizo sus intentos trabajando en la albañilería, donde le iba un poco mejor.
Así anduvo entre oficios y trabajos; entonces se casó con su esposa de toda la vida en 1953, Ana María Villagómez. Debido a circunstancias de la vida, él tuvo que emigrar a los Estados Unidos para trabajar, mientras que su esposa puso una tienda que en su momento llevó el nombre de La Frontera.
La vida lo trajo después de regreso para seguir fortaleciendo con su esposa esta tienda, su propia frontera, y seguir con su familia enfrentando las propias vicisitudes de la vida, las mismas que a golpe y cariños le han llevado a cumplir ya 100 años y no solo ser una estadística.
