Jóvenes, principales víctimas de secuestro virtual: Policía Morelia
MORELIA, Mich., 2 de junio de 2022.- Por considerarse política discriminatoria, actualmente no existe un estimado, alguna cifra cercana, sobre el número de mujeres que se dedican al oficio más antiguo del mundo, pero hace casi 150 años, en el Ayuntamiento de Morelia no solo se reguló, sino que llegaron a clasificarlas, imponerles controles sanitarios y hasta cuotas debían pagar las que ofrecían sexo comercial.
Entre los miles de documentos del Archivo Histórico de Morelia se encuentra un fondo especial, probablemente el único de su clase en todo Michoacán: tres libros de registros de mujeres públicas, que comienza en 1873 y termina en 1916.
El reglamento fue expedido durante el Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo y, asegura la historiadora Guadalupe Chávez Carbajal, pudo ser resultado de las acciones emprendidas en Francia para proteger la moral pública, a propósito del Día Internacional de la Trabajadora Sexual, que se conmemora cada 2 de junio.
Ciertas o no las afirmaciones esgrimidas por la también autora de Prostitución y Fotografía en Morelia, en este fondo es posible encontrar evidencia de que se le abría expediente a cada mujer comerciante de sexo, se les pedía fotografía, su mejor fotografía. Algunas parecen fotos de estudio, aparecen con mascota y posando de forma casi romántica.
También se levantaban datos generales, como lugar de origen, edad, características físicas, domicilio de residencia y, en los primeros registros, hasta si tenían padres.
Concluido el levantamiento de la información, se les entregaba una copia del reglamento en cuestión y un carnet, para control y vigilancia sanitaria.
Pero, ¿quiénes eran?
Eran mujeres provenientes de diversos estados de la República, especialmente de aquellos colindantes y cercanos a Morelia.
Entre las registradas se encuentran mujeres provenientes de Ciudad de México, Moroleón, Acámbaro, Celaya y León, Guanajuato, Pachuca, Querétaro, San Luis Potosí , Guadalajara y Pungarabato, hoy Ciudad Altamirano, en Guerrero, es decir, el promedio de viaje de ahora.
Las distancias eran relativamente cortas, de entre 200 y 400 kilómetros, hoy se pueden llegar a esos destinos entre dos y cuatro horas.
Sin embargo, en el siglo 19 y 20 era más complejo, la movilidad era en tren y a lomo de bestia, y al no haber redes sociales ni tan popularizados los medios de comunicación, además del alto analfabetismo de entre la población, era fácil que estas mujeres pudieran mantener el anonimato.
A nivel local, se encuentran registros de mujeres provenientes de Uruapan, Maravatío, La Piedad, Puruándiro, Pátzcuaro, Coalcomán y Zamora, es decir, el promedio era una distancia suficiente para alejarse de la familia y evitar que sufrieran del escarnio público.
Las edades eran diversas, desde adolescentes de entre 15 y 17 años, hasta mujeres adultas ya en la mediana edad.
Los espacios de tolerancia, por ejemplo, en el último libro, advierte que entre las calles con casas de residencia de mujeres comerciantes de sexo están las calles El Poblano, El Zancudo, Galeana, Jarabe y Pozitos, donde se asentaron a vivir mujeres de Uruapan, Ciudad de México y Coalcomán, quienes eventualmente compartían espacios, probablemente más que residencia era la casa de citas, donde convivían con otras mujeres.