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MORELIA, Mich., 27 de julio de 2018.- En lo que va del año, se han presentado en Michoacán 119 casos notificados de hepatitis, enfermedad que se caracteriza por la inflamación del hígado, de los cuales, 91 corresponden al tipo A y 28 se encuentran distribuidos entre los tipos B, C y E.
Javier Ordaz Tinoco, coordinador estatal de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud, dijo que los tipos B y C son los más graves, ya que al ser crónica, puede derivar en insuficiencia hepática, cirrosis, cáncer o la muerte, si no se atiende de manera adecuada.
En el marco del Día Mundial Contra la Hepatitis, que se conmemora oficialmente cada 28 de julio desde el año 2010, el especialista indicó que de enero a julio solo se han presentado dos muertes en el estado, derivado del brote de hepatitis A que se registró en el municipio de Angamacutiro.
La hepatitis tipo A, ocasionada por consumir alimentos contaminados por materia fecal, afecta más a niños y jóvenes que a personas en edad adulta. Las regiones con más casos son: Zamora (33), Uruapan (22), Zitácuaro (18), Morelia (12), Apatzingán (4) y Lázaro Cárdenas (2).
“Los tipos B y C se presentan en menor cantidad porque ocurre por contagio sexual o porque utilizaron jeringas contaminadas por personas que tenía alguno de estos tipos de hepatitis”, explicó.
Ordaz Tinoco destacó que para el caso de la hepatitis A, el tratamiento se basa en medicamentos sintomáticos, ya que con los cuidados adecuados y las medidas higiénicas, una persona puede reponerse en un lapso de dos semanas. Caso contario a los tipos B, C y E.
Aunque existe una vacuna para prevenir este tipo de hepatitis, el médico de la SSM dijo que ésta solo se aplica cuando las autoridades de salud consideran que existe un riesgo de contagio, como en el caso de un desastre natural o que se presente un brote en alguna guardería.
Explicó que si una persona ya adquirió la hepatitis A, es mínima la posibilidad de que vuelva a desarrollar la enfermedad; mientras que de los tipos B y C, al ser crónicas, puede que no se presenten complicaciones durante mucho tiempo, aunque sí está latente el riesgo de presentar insuficiencia hepática, cirrosis o cáncer.
Durante los primeros días, una persona con hepatitis A suele presentar fiebre, debilidad, nauseas, vómito y dolor abdominal. Después adquiere un color amarillo en la piel, conocido como ictericia, lo cual se nota también en la conjuntiva de los ojos, al cambiar de blanco a amarillo, y sus heces son blanquecinas.
Por ello, ante los primeros síntomas se recomienda acudir de manera inmediata al médico para que realice un diagnóstico de sangre específico, no automedicarse, consumir alimentos adecuadamente preparados en casa y agua potable, hervida o desinfectada, y lavarse constantemente las manos.




