Muere joven al caer de camioneta recolectora de basura en Morelia
MORELIA, Mich., 17 de agosto de 2025.- Las ramas de los árboles crecen, tiran sus hojas, se renuevan y aún rotas... florecen; inspiradas en este proceso, un grupo de mujeres recluidas en el penal Mil Cumbres emprendieron un nuevo proyecto de vida denominado Rama, una marca de bolsas de crochet de alta calidad.
Entre risas y el olor a estambre de algodón, como ropa recién lavada, Ely, Raquel, Elida, Rosa, Deyanira, Tania y Pilar privadas de la libertad tejen sus historias, una distinta. Marcada por la esperanza de pronto volver con sus familias.
Con el esfuerzo de cada lazada y el movimiento de las muñecas, sostienen a sus hijos desde las cárceles, de reaprenden a socializar y aprender a emprender.
Cada una de las ocho mujeres cumple una función en Rama, unas tejen, otras pegan la marca, cortan y zurcen los forros y venden los productos.

Ely es la coordinadora del taller. Lleva 14 años recluida y descubrió en el arte del tejido una manera de reducir la ansiedad, matar el tiempo y sostenerse dentro de prisión, así como a sus hijos, todavía en etapa escolar.
Tejer para mí ha sido una experiencia bonita. Increíble. Porque les estoy enseñando, era algo que no me imaginé, pero ahora que lo hago, y las compañeras me dicen que no pueden, yo les digo que, les digo que si pueden. Uso las mismas palabras que me decían a mi para poder lograrlo”, expresó Ely.

Ely comenzó en Puebla a tejer, cuando ingresó al sistema penitenciario, al estar en conflicto con la ley penal por secuestro, desde entonces han transcurrido 14 años. En este oficio encontró la paciencia que necesitaba para poder seguir adelante con su proceso, y después de mucho por fin podría encontrar la salida a este embrollo.
Un juez local encontró suficientes irregularidades en el proceso penal que ordenó la reposición de todo el proceso, así como la aplicación del protocolo de Estambul, ya que, asegura, sufrió tortura durante su detención.

El mandato del juez fue en 2023, pero todavía no es tiempo que le apliquen este protocolo, entre tanto teje y resiste, con la esperanza de reencontrarse con sus hijos y con la necesidad de sostener sus estudios. Porque nada la detiene.
Ely conserva la sonrisa. Florece en la adversidad, acompañada con las otras siete mujeres, algunas más o menos tímidas, porque han formado comunidad y estrechado lazos que las ayuda a llevar su vida dentro. Incluso la maternidad.
Rosy, madre de un pequeño de tres años, es la nueva del grupo, y aunque nerviosa, evitando la cámara, por miedo a ser juzgada, reconoció que es un espacio seguro para su hijo. No hay nada con lo que se pueda lastimar y entre todas cuidan al pequeño.
Las risas no hacen falta. Y tampoco la emoción se puede ocultar, por fin hacen algo que promete ser algo en grande.
Raquel es la que organiza y coordina la logística de los productos, así como enlace para comercializar el producto afuera, con ayuda de su familia.
Estar en esta actividad hace que por un momento se nos olvide que estamos aquí, si, al ver el trabajo que estamos haciendo todas. Este es mi trabajo, estoy produciendo, así que el tiempo que estoy aquí, lo estoy aprovechando”, declaró.
Raquel está próxima a salir, es la que tiene un oportunidad más clara, ya que su delito es menor y tienen la posibilidad de acceder a una medida distinta a la prisión.

El primer pensamiento podría apuntar a qué no querría volver. Huir de ese lugar que las tiene alejadas del mundo, pero Raquel es resiliente y también aprendió a llevarlo. Ahora quiere seguir con el negocio.
Crecer juntos a Ely, Elida, Rosa, Deyanira, Tania y Pilar. Vender y expandir el negocio.
Mientras crece el negocio, estás mujeres, madres también, ofrecen sus productos en la tienda LiberArte, del Sistema Penitenciario, tanto en la accesoria ubicada a un costado como en las oficinas de la Coordinación del Sistema Penitenciario.




