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MORELIA, Mich., 11 de julio de 2026.- En política abundan las discusiones sobre aranceles, inflación, inteligencia artificial y guerras comerciales. Pero hace apenas unas semanas, Donald Trump consiguió que el debate internacional terminara… en un plato de arroz frito.
Durante una cena de Estado celebrada en mayo en China, el Presidente estadounidense quiso ilustrar la estrecha relación gastronómica entre ambos países con una afirmación que sonó tan contundente como simpática: aseguró que los restaurantes chinos en Estados Unidos superaban, juntos, a las cinco mayores cadenas de comida rápida del país
La frase provocó sonrisas, aplausos… y, poco después, una avalancha de verificaciones.
Porque sí, Estados Unidos siente una auténtica debilidad por la comida china.
Las estimaciones hablan de entre 37 mil y 45 mil restaurantes chinos repartidos prácticamente en cada rincón del país. Desde Nueva York hasta California, pasando por pequeñas comunidades rurales, siempre parece haber un letrero luminoso ofreciendo chow mein, arroz frito, pollo General Tso o rollitos primavera.
No por nada muchos estadounidenses bromean diciendo que es más fácil encontrar un restaurante chino que una lavandería abierta las 24 horas.
Pero las matemáticas tienen el desagradable hábito de no dejarse impresionar por los discursos.
Las cinco gigantes de la comida rápida —Subway, Starbucks, McDonald’s, Dunkin’ y Taco Bell— suman más de 67 mil establecimientos. Es decir, Trump confundió una cifra enorme… con una todavía más enorme.
No fue una mentira monumental.
Fue una exageración bien sazonada con salsa de soya.
Lo curioso es que la confusión tiene una explicación.
Durante años ha circulado un dato auténtico: existen más restaurantes chinos que cualquier cadena individual de comida rápida, e incluso durante mucho tiempo hubo más que McDonald’s y Burger King juntos. Esa realidad fue creciendo de boca en boca, de publicación en publicación y de meme en meme, hasta transformarse en una especie de leyenda gastronómica que, al parecer, terminó llegando hasta el discurso presidencial.
Y la verdad es que la historia de la comida china en Estados Unidos merece su propia película.
Llegó con los inmigrantes chinos del siglo XIX, sobrevivió a épocas de discriminación, adaptó ingredientes, reinventó recetas y terminó conquistando el gusto estadounidense con platillos que, en muchos casos, hoy son más norteamericanos que orientales.
El pollo General Tso, el chop suey, el chow mein y las omnipresentes galletas de la fortuna forman parte del menú cotidiano de millones de familias. Para muchos estadounidenses son tan tradicionales como la hamburguesa, la pizza o el hot dog.
Quizá por eso la frase de Trump resultó creíble para tanta gente.
Porque cualquiera que haya recorrido Estados Unidos sabe que, cuando cae la noche y el refrigerador está vacío, siempre parece existir un restaurante chino dispuesto a salvar la cena.
Al final, Trump no perdió una batalla política.
Perdió una batalla contra la calculadora.
Aunque, siendo sinceros, equivocarse contando restaurantes resulta bastante más digerible que equivocarse contando votos.
La anécdota quedó como una de esas curiosidades capaces de sobrevivir al paso de los meses. Porque mientras la política cambia de menú todos los días, el arroz frito, el pollo agridulce y los rollitos primavera siguen ocupando un lugar privilegiado en la mesa de millones de estadounidenses.
Al menos en eso, demócratas y republicanos parecen haber alcanzado un raro consenso…
Nota legal: los materiales adjuntos fueron elaborados mediante ChatGPT, con la supervisión de un editor de Quadratín, con fines estrictamente de entretenimiento, a partir de hechos e informaciones validadas.




