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MORELIA, Mich., 3 de diciembre de 2020.- Pásele, pásele a las cañas, tenemos bolsitas desde 15 pesos, una gran variedad de sabores de chamoy, chile del que pica y del que no pica, pásele a las cañas.
En el bosque Cuauhtémoc, decenas de puestos semifijos se distribuyen por los andadores, desde los que los vendedores informales que participan cada año en los festejos guadalupanos ofertan las tradicionales cañas, cacahuetes, mandarinas, ponche con olor a Navidad…
No sólo se satisface al paladar, también se tienen juegos no mecánicos, tiro sport y los futbolitos que por años, a la par de las cañas, dieran nombre a la presencia del comercio popular en torno del Santuario Guadalupano, durante los festejos guadalupanos, y que este año la pandemia de coronavirus (Covid 19) desplazara a sedes alternas.
Los paseantes y transeúntes que regularmente se observan en el bosque Cuauhtémoc se entremezclan con quienes acuden a divertirse y disfrutar la oferta del comercio popular que se congrega al amor de la Morena del Tepeyac, a escasos metros de su santuario.
“Tenemos bolsitas de cañas desde 15 pesos, las más grandes, a 100 pesos, con chamoy de mora azul, manzana verde, manzana amarilla, piña, mango, tutti frutti, también chile negro, del que pica y del que no pica, jugo de caña y de naranja, una gran variedad de sabores y presentaciones”, afirma Monserrat Paz, oferente de cañas instalada en el bosque Cuauhtémoc.
Bueno es el ánimo y mejor el producto, aunque quizá la venta en esta ocasión no corresponda al esfuerzo hecho por los vendedores, que prevén una reducción en sus ingresos que podría llegar hasta el 90 por ciento de lo que de ordinario captan en esta temporada.
“Apenas ayer nos instalamos, la venta ha estado tranquila, pero calculamos que disminuirá, en comparación con el año pasado, un 80 o 90 por ciento, mi mamá es mayorista y normalmente vendía un camión de caña cada día o cada dos días, y ahora vendió un camión en nueve días”, explica Montserrat Paz.
Para paliar esta expectativa, se tiene la venta a domicilio, una alternativa que fue bien recibida por los consumidores, pero que tras la instalación de los vendedores informales que participan en los festejos guadalupanos ha tenido una menor demanda.
“Es diferente, aquí la mañana es tranquila y ya en la tarde se compone, allá en San Diego hay gente todo el día, sobre todo los estudiantes, que este año no tienen clases, pero bendito sea Dios, nos va a ir bien, ayer fue nuestro primer día y hubo muchas personas”, agrega Gloria Cedeño, quien atiende con su familia un puesto de futbolitos desde hace 35 años.
Algunos jóvenes juegan, separados por pantallas para reducir el riesgo de contagios; en los accesos, se tiene gel antibacterial y cubrebocas, además que los equipos se limpian con periodicidad.
“Siento que sí nos va a ir bien entre más pasen los días, aunque sean poquitos”, reitera Gloria Cedeño.
Para tratar de evitar concentraciones de paseantes, en esta ocasión los festejos guadalupanos se llevan a cabo en cuatro sedes, una de las cuales es la plaza de la Paz, en la zona norte del centro Histórico, donde menos de 20 puestos semifijos expenden desde cacahuetes hasta ropa, pasando por las cañas, aguas frescas, juegos de azar y gorditas de nata.
“Hasta ahorita me puse, he vendido más o menos, hay poquita gente, no sé cómo nos vaya a ir, nunca he trabajado en esta área”, explica Fabiola Cerriteño, quien ha llevado sus productos a los festejos guadalupanos desde hace más de tres décadas.
Por lo menos un 30 por ciento alcanzaría la baja que en las ventas experimentarán los vendedores en la plaza de la Paz, estima Maribel González, quien por ocho años ha ofrecido cacahuetes a los feligreses que acuden a los pies de la Virgen de Guadalupe.
“Empezamos ayer, luego que nos mandaran para acá, y las ventas van bajas, a ver cómo nos va, es poca la gente que pasa, creo que venderemos poquito, pero algo”, menciona.




