Ve IEM vacío legal para comunidades que buscan autogobierno
MORELIA, Mich., 24 de agosto de 2022.- Aún sin digerir la derrota de 2021, Memo Valencia aprovechó la relación con Alejandro Moreno para apersonarse en la dirigencia estatal, mediante un proceso a modo, con más signos de imposición que de democracia.
Renuente siempre a la alianza con PAN y PRD, el excalde de Tepalcatepec usa la dirigencia del partido para la venganza, el ajuste de cuentas, pero sobre todo para tratar de adjudicarse la candidatura al Senado de la Republica, o bien, insistir como plan B para la alcaldía de Morelia.
En la sede del partido, el de Tepalcatepec ya amafiado con su secretaria general, Xóchitl Ruiz, decidió que sea hombre o mujer, la primera fórmula al Senado quedará entre ellos, directo, sin mayor trámite o rigor estatutario.
Con un discurso más marcado por la confrontación y el ataque, el exlíder de extinto Frente Juvenil Revolucionario hizo a un lado la institucionalidad y usa la tribuna para atacar lo mismo al Gobernador Alfredo Ramírez Bedolla que al alcalde capitalino, Alfonso Martínez, cuya fobia no alcanza a superar por la tunda que le dio en las urnas en 2021, cuando presumía un millón de seguidores en su movimiento Revolución Social.
Poco le importa el señalamiento que hace Alito cuando reconoce a Alfonso Martínez como el mayor activo político de la alianza en Michoacán, a quien hay que cuidar de cara a 2027.
Desesperado porque no tiene interlocución con ninguno de los dos Ejecutivos, Memo Valencia sacude adentro y alienta la sanción contra Jesús Hernández Peña, contra quien conspira para removerle de la jefatura del Grupo Parlamentario del PRI en el Congreso del Estado.
Para el cuartelazo, Valencia Reyes encuerdó a Adriana Hernández y sembró la semilla de la discordia entre los legisladores, pese a que frente a Alejandro Moreno decantaron por Jesús Hernández Peña para que los dirigiera en los trabajos legislativos hasta el próximo año.
Así, el PRI ha aprobado gran parte de las iniciativas de Ramirez Bedolla, las más cruciales, por decirlo, en el primer año legislativo, sin la venia de Valencia.
La dureza del exdiputado local también se hizo patente contra el diputado Marco Polo Aguirre, quien merced a la relación que tejió con Ramírez Bedolla en la Legislatura pasada, sentó la confianza del mandatario para trazar el puente de comunicación con él y no con Valencia Reyes.
En el Congreso, el acuerdo entre el Gobernador y el tricolor pasa obligadamente por la garita de Jesús Hernández Peña, por eso el malestar del líder priísta y el impulso a removerlo.
La reciente renuncia de la vocera, Lunia Valdés, deja en claro la crisis y persecución que emprendió Memo Valencia contra quienes apostaron por la alianza, los que comulgan con su apostolado y le rechazan desde que fue impuesto.
Lunia Valdés no solo es una comunicadora que hacía la función de vocera, también es una consejera y activista del partido, que fue víctima del desencuentro.
Dentro y fuera del tricolor, se afirma que Memo Valencia extravió el objetivo para dirigir a un partido que ha perdido 12 gubernaturas al hilo y que tiene un 65 por ciento de rechazo entre el electorado.
La crisis en el priísmo estatal aún no toca fondo, y es de pronóstico reservado su final, en virtud de la serie de yerros y fracasos de la dupla Valencia-Ruiz.




