Tumban medidas de IEM contra Baltazar Gaona y Monitor Expresso
MORELIA, Mich., 3 de junio de 2019.- En esa búsqueda de la digna unidad, cabemos todos, religiosos y laicos y de igual forma en la lucha contra los grandes males del país como lo son la corrupción, la inseguridad y la miseria, laicos y religiosos son necesarios, afirmó la diputada Cristina Portillo.
Durante la sesión solemne en la que el Congreso distinguió al presbítero José Francisco Martínez Gracián con la presea Melchor Ocampo la legisladora de Morena comparó la labor que en su tiempo realizó Melchor Ocampo y la que lleva a cabo el sacerdote de Nahuatzen.
“Ocampo fue un hombre congruente, defensor de la libertad de credo, fue seminarista, más no un recalcitrante antirreligioso, como hoy de forma maniquea se le quiere desdibujar; se entregó a principios, más que a nomenclaturas vacías de contenido.
“En un maravilloso discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1858, señaló: “Tres son los fundamentos filosóficos del cristianismo que siempre precederán y acompañarán perpetuamente los adelantos de la especie humana. Fe, Esperanza y Caridad. Sin la primera no hay resorte interno que mueva al individuo o a las masas; sin la esperanza, el resorte no tendría objeto; sin la última, el resorte y el impulso no serían benéficos. “La religión y la política son una mismísima cosa bajo uno de los aspectos de aquella”.
Esa pasión de servicio y esa firmeza de convicciones es la que une a José Francisco Martínez Gracián con Melchor Ocampo, indicó la legisladora durante su discurso en la sesión solemne en la que se entregó la presea.
Señaló que Ocampo fue un hombre de ciencia que documentó, por ejemplo, el paso de dos cometas ocurridos en 1843 y 1845. José Francisco Martínez Gracián, también ha cultivado con gran interés y tesón sus conocimientos en la geología, poniéndolos al servicio de sus semejantes.
Melchor Ocampo fue un convencido de que la educación era un pilar fundamental para el desarrollo del país y por ello fue un fuerte divulgador del conocimiento, quien donó su abundante biblioteca al Colegio de San Nicolás. Francisco Martínez Gracián es también una persona que defiende la causa noble de la educación, fundador de escuelas, promotor de la cultura, escritor de libros y defensor de los saberes y tradiciones de los pueblos purépechas.
Pero la labor del recipiendario de la presea Melchor Ocampo, ha ido más allá de las ideas, y al igual que el michoacano del siglo XIX, ha dado el paso al frente en el terreno de la práctica de sus principios y de la lucha por sus convicciones, indicó.
Ambos pacifistas, enfrentaron a su modo las amenazas de los invasores, Ocampo peleando contra la invasión yanqui, El Padre evitando la invasión de la economía negra en la meseta, esa que tala los montes, engancha a los jóvenes y los llevan a un camino sin retorno y promueve la confrontación. Ocampo y Martínez han usado la organización del pueblo, el conocimiento y la promoción del bienestar como las armas más notables para cambiar.
El “Padre Pancho”, ha sido el promotor del diálogo y la pacificación entre pueblos de la meseta purépecha. Su papel fue fundamental en el convenio de paz alcanzado entre Cocucho y Urapicho, así como en los acuerdos de linderos entre las comunidades de Corupo y San Felipe.
Su talento lo ha puesto al servicio de las comunidades indígenas que padecen escasez de agua potable, logrando que esto se vea reflejado en la mejora de la calidad de vida de decenas de localidades de la meseta.
Ha sabido también colocarse al frente de la defensa del medio ambiente y de la promoción de la sustentabilidad; promoviendo campañas de limpieza y acciones tendientes al manejo integral de los residuos sólidos, así como de reforestación y combate a incendios forestales.
Por todo ello y por estimular los esfuerzos que hacen mantener viva la esperanza y la fe en un mundo libre de contradicciones, especialmente para los más pobres; es que José Francisco Martínez Gracián es un digno representante de las causas y el legado de Don Melchor Ocampo, señaló la legisladora.




