Michoacán: 6 semanas de un ciclo escolar incompleto
El pasado lunes 22 de septiembre la Sra. Sheinbaum Pardo anunció en su conferencia mañanera el calendario para la reforma electoral que están elaborando con una comisión especial que será integrada solamente con funcionarios gubernamentales de diferentes áreas y que atiende a lo que la Presidenta ha dicho: "el pueblo exige de un nuevo sistema electoral para que ya no haya fraudes, como en el pasado, y que las elecciones cuesten menos”, y porque “a la gente no le gustan los plurinominales”.
Nadie desde la oposición ha exigido tal reforma. Pero sí, en cambio, reconocidas voces conocedoras de la materia electoral, así como dirigentes de la oposición han sido públicamente descalificadas desde el púlpito presidencial.
Se anuncia que esa comisión gubernamental hará consultas teniendo como sede las oficinas de la Secretaría de Gobernación, entre septiembre y diciembre de este 2025, pero previamente en octubre (de este mismo año), como resultado de una encuesta de opinión pública, se hará “la entrega de conclusiones y la propuesta de reforma electoral a la Presidencia”.
Pablo Gómez, exdirigente de lo que fue la izquierda democrática partidaria en México, dice que "este es un ejercicio inédito en las reformas electorales” porque, contrariamente a cuando “estas decisiones las tomaban únicamente los dirigentes políticos y los gobernantes (ahora) la discusión está abierta a todo el pueblo… nada será censurado”.
Como se puede ver, estamos ante una farsa de consulta popular. Las reformas político-electorales más importantes en México, salvo la de 1977 (la llamada LOPPE o “Ley Reyes Heroles”) que inició la apertura democrática del sistema político mexicano, como una forma de responder a los ominosos saldos represivos de 1968 y 1971, como una reacción a los reclamos de la oposición partidista y para atemperar los riesgos de desestabilización política que se presentaban por el accionar de múltiples grupos guerrilleros en los años 70; salvo esa reforma electoral, que tenía evidentes contenidos positivos y que abrió un virtuoso ciclo de sucesivas reformas electorales democráticas, todas las demás han provenido de las fuerzas opositoras que exigían órganos electorales autónomos e independientes del gobierno y equidad en las contiendas para asegurar que hubiera elecciones libres, auténticas y democráticas.
Así fue como, principalmente, la reforma de 1996 abrió definitivamente las puertas para la transición democrática e hizo posible las alternancias en la Presidencia de la República, gubernaturas y presidencias municipales. Gracias a esa trascendental reforma, Cárdenas, después AMLO, Ebrard y otros más, gobernaron la Ciudad de México y, tiempo después, con esas reglas democráticas, López Obrador obtuvo la presidencia del país en 2018.
Debo recordar que tanto Fox como Calderón y Peña Nieto, cuando fueron presidentes, quisieron hacer reformas electorales para desaparecer las candidaturas plurinominales que aseguran la representación de la pluralidad política y opositora en las cámaras –y también llegaron a sugerir eliminar el financiamiento público. Es una tentación recurrente del poder para tratar de asegurar su continuidad en el mando del país. Pero esas pretensiones no prosperaron y no insistieron en ello. Hubo la oposición de todos los partidos situados en la oposición, incluido en su momento Morena.
Sin embargo, resulta que el otrora defensor a ultranza del parlamentarismo, Pablo Gómez, que peleó durante años por sacar al gobierno de los órganos electorales, ahora preside una comisión del gobierno para una supuesta reforma electoral democrática, que según su dicho recibirá propuestas para ese propósito en la Secretaría de Gobernación, la que fue sede de la extinta Comisión Federal Electoral, dirigida por Manuel Bartlett en 1988, en ese momento titular de dicha Secretaría, cuando el gobierno controlaba las elecciones, y quien fue el autor de la tan conocida “caída del sistema” para hacerle fraude a Cuauhtémoc Cárdenas y declarar a Salinas de Gortari como presidente. A la vuelta de 37 años todo parece borrarse.
¡Qué tristeza! Hoy la historia se repite. Sólo que, como diría Marx parafraseando a Hegel, en una primera ocasión como tragedia y ahora como farsa. Aunque, lamentablemente, es una farsa que huele a tragedia nacional.




