Atención

Con el propósito de ofrecer una mejor experiencia dentro de nuestro sitio web, le sugerimos que actualice su navegador, ya que usted cuenta con una versión de internet explorer antigua, que ya no tiene soporte por parte de microsoft y que representa un riesgo de seguridad para usted.

Sigue nuestra transmisión en vivo.
Click para seguir la transmisión
x
Foto: Especial

Tras bambalinas/Jorge Octavio Ochoa

Jorge Octavio Ochoa/Quadratín
 
| 18 de junio de 2017 | 14:08
 A-
 A+

Avaricia y miedo, verdadera razón vs 2ª vuelta electoral

Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- Algunos, por mucho que digan haber cambiado y estar cubiertos por el manto divino de la transición de un partido a otro, nunca podrán quitar de sus venas el ADN priísta que los trajo a la vida política en México.

La sola referencia a la 2ª vuelta electoral con gobiernos de coalición, puso en evidencia los dos rostros que tienen un mismo origen, aunque hoy parezca que están diametralmente distanciados.

En el fondo, la misma avaricia, la misma ambición por el poder los hermana y esto se puede ver a la luz de su respuesta intolerante y virulenta ante la sola posibilidad de tener que compartir lo que consideran “suyo”, como si fuéramos su carnada.

De un lado, la respuesta de Morena y del “chiquipartido” rémora PT, visceral y hasta violenta, acusando la referencia del tema como: “un nuevo intento de desafuero” en contra de López Obrador.

Como testigo de honor Manuel Bartlett Díaz, silencioso y sonriente, como si el 88 ya hubiera quedado sepultado en medio de otra “verdad histórica” que se inventan algunos de sexenio en sexenio.

Por el lado del PRI, del senador Emilio Gamboa (que no es el mismo que el de Ochoa Reza), un rechazo legaloide: “Para la segunda vuelta ya se venció el plazo, se venció el 31 de mayo; no lo veo factible en ningún periodo extraordinario”.

Lo plantean como si el PRI tuviera todavía oportunidad alguna de alcanzar el poder omnímodo que tuvo durante décadas, aunque las evidencias del Estado de México les gritan que solos ya no son nada como partido.

Morena y PRI hermanados en un mismo caso, con la misma información genética en la sangre: avaricia, autoritarismo y un desmedido apetito por el poder absoluto.

Uno y otro, desde diferente trinchera, pretenden mantener un sistema político que se desmorona día a día, con un presidencialismo acorralado, que se tambalea, que ya no soporta sobre las espaldas de un solo hombre tanto peso.

Hoy, el PRI rechaza la posibilidad de crear una nueva arquitectura política en México, aunque los hechos nos revientan en la cara la consolidación de un Estado cada vez más fallido porque sus instituciones están atrofiadas.

Emilio Gamboa utiliza los mismos argumentos que precisamente le dan sustento a la urgencia de instaurar una segunda vuelta electoral con gobiernos de coalición, ante la evidencia flagrante de que todos ellos nos han fallado.

Todos son culpables de lo que le pasa a México

Son los políticos y sus partidos los que nos han fallado, porque se empeñan en satanizar e inyectar de veneno el aire cuando alguien va en contra de las reglas que ellos mismos inventan.

Los acuerdos se convierten en el beso del diablo, cuando debieran ser la práctica  común y más democrática para gobernar.

¿Por qué hemos de creerle sólo a una persona o una corriente, de que lo que dicen es la verdad divina?

El PRI dice que por el momento hay temas más urgentes: 1.- Ley de Seguridad Interior; 2.- Fiscal General y Fiscal Anticorrupción; 3.- Ley para penalizar el robo de combustible y la delincuencia organizada.

Curiosamente, esos son los temas que forman la columna vertebral de lo que ocurre en el país: corrupción, violencia e inseguridad.

De hecho, las alarmas están sonando por todos lados, mientras la incapacidad de los gobernantes se hace cada vez más escandalosa.

Los actores políticos quieren repartirse los privilegios, pero no las responsabilidades.

Tenemos media docena de ex gobernadores involucrados en actos de millonarios desvíos de recursos; otros tantos alcaldes, varios diputados federales y locales, y así, la hiedra de las corruptelas se va extendiendo en un ramaje interminable.

Son los mismos gobernantes, totalmente incapaces de cumplir no digamos sus promesas de campaña, sino su obligación constitucional, los que luego piden la presencia de las Fuerzas Armadas.

Mientras, sus partidos no se hacen cargo de los actos de sus mandatarios y además prejuzgan y satanizan sobre la presunta militarización del país, cuando en el fondo, los que no funcionan son ellos.

¿Por qué los mexicanos nos enteramos de las grandes corruptelas de gobernadores sólo hasta el final de mandato? Evidentemente porque existe colusión de los partidos en los Congresos estatales.

¿Por qué teniendo regidores de partidos en todas las alcaldías, nos enteramos de actos del crimen organizado hasta que revientan los pozos o las balaceras? Porque son representantes ciegos y sordos.

No es que nadie esté en contra de un personaje específico. Es más, ni siquiera estamos en contra del sistema de partidos. Simplemente deberíamos ser más transparentes y honestos en la consecución de nuestras ambiciones.

En teoría, la política es la búsqueda del poder para el beneficio de la gente. ¿Por qué no aceptar honestamente que el origen de la corrupción es ese nerviosismo que viven los políticos cada 3 o 6 años?

Por eso se dieron ellos mismos la reelección a nivel de diputados federales y alcaldes, premiándose como si unos y otros tuvieran un 10 de calificación cuando en los hechos están reprobados.

Sería más honesto que se repartieran el pastel, pero junto con las culpas y las responsabilidades.