Miscelánea, salud y política
Maricarmen Abascal: una vida que se apagó tras el despojo
Maricarmen Abascal tenía 87 años y vivió más de siete décadas en la misma casa de Madrid. Ese techo no era un activo ni un negocio: era la memoria de su vida. El 23 de septiembre fue desahuciada. Ingresó al hospital poco después y este miércoles falleció. Una mujer que resistió el paso del tiempo, que construyó su existencia entre esas paredes, no resistió la violencia de quedar en la calle. Su nombre se convirtió en símbolo de una crisis que no es de ladrillos, sino de humanidad.
Su caso conmovió a España y despertó lo que la indiferencia había logrado mantener dormida: la indignación colectiva. Miles salieron a protestar. El gobierno de Pedro Sánchez reaccionó con decretos urgentes sobre vivienda, buscando frenar desalojos sin alternativa y proteger a quienes más vulnerables son. Pero el Parlamento rechazó esas medidas, y la respuesta política fue adelantar elecciones para el 29 de noviembre. Entre disputas partidistas, Maricarmen enfermó y murió.
Nadie puede decir que su muerte fue inevitable. Lo que la mató fue la crueldad de un sistema que trata la vivienda como mercancía antes que como derecho. Que a los 87 años, tras toda una vida de arraigo, una persona sea arrancada de su hogar sin solución digna revela fallas profundas: leyes que no protegen a quienes menos tienen, poderes que dudan entre el beneficio inmobiliario y la vida de las personas, y una lentitud institucional que cobra facturas durísimas.
El presidente envió su pésame. Las fuerzas políticas tomarán posiciones. Pero nada le devolverá la vida.
Su fallecimiento no puede ser solo un recuerdo triste que se menciona en discursos y luego se olvida. Debe ser el momento en que la sociedad y sus representantes decidan que nadie más muera por perder su casa.
La crisis de vivienda no se resuelve con elecciones ni con declaraciones: se resuelve garantizando que cada persona tenga un lugar seguro donde envejecer, donde criar, donde descansar sin miedo a ser echada. Maricarmen no pedía lujos: pedía quedarse. Si no logramos garantizar eso para todos, entonces ninguna medida será suficiente, y ninguna victoria política valdrá la pena.




