LA HORA DE LAS LAMENTACIONES

Por JORGE OCTAVIO OCHOA. Al Presidente le fallaron rotundamente los cálculos y, en uno de esos dislates que empiezan a ser cada vez más frecuentes en él, creyó que el pico de la gravedad del aislamiento, concluiría el 19 de abril próximo. No entendió que justo ahí, empezaría la fase 3, la hora de la muerte en racimos.

El Presidente lo comprendió, dramáticamente, el viernes 27, por la noche. Así, inopinada, sorpresivamente, envió un mensaje a la nación por You Tube, en el que, por fin, se olvidó de los adversarios y los conservadores, y se dirigió llanamente a la población, sin más recomendación que quedarse en sus casas.

Dentro de su alocución de 14 minutos, envió el mensaje dramático al minuto 9:21, cuando abiertamente advirtió que, si no nos resguardamos, no van a alcanzar las camas, los hospitales, “aun cuando estamos preparados para recibir a miles, pero esto va a ser algo desbordante”, admitió por fin.

Al día siguiente, la instrucción, ahora sí, era precisa, rotunda, contundente y hasta macabra, en voz de Hugo López Gatell: “La única manera de reducir hoy, hoy, la transmisión, es quedándonos en nuestras casas, en forma masiva, todas y todos, y durante un periodo estipulado ya, de un mes”.

Y a renglón seguido, ya dentro de la crudeza del mensaje, advirtió que ni esto implicará que se detenga la pandemia, “seguirán aumentando los casos y va a haber casos graves y va a haber muerte”. Así, lo que se logrará, según dijo, es que se retarde la velocidad de contagios.

Así, cuando lleguemos a la fase de máxima transmisión, “que aún no ha llegado, pero inescapablemente llegará”, los hospitales tenrán suficientes camas para poder atender los casos”, dijo el subsecretario de Salud, mientras el verdadero secretario guardaba silencio, como lo hizo desde el principio de todos estos días.

El tiempo de los besos y abrazos terminó. La fase de incubación está por reventar, y será quizá entonces, cuando el confinamiento obligatorio se transformará en toque de queda, porque no hay espacio, no hay suficientes suministros médicos y lo peor: los trabajadores del sector salud, empiezan a entrar en pánico.

No tienen con qué cubrirse: ni tapabocas, ni guantes, ni abate lenguas, ni jabón de manos. Pero esto no es de ahora, viene desde el año pasado, desde que se dio el cambio de políticas sobre el suministro de medicinas e implementos médicos. Desde entonces se empezó a gestar la desgracia.

LOS MALOS CONSEJOS Y LAS MALAS COMPAÑÍAS

El problema es que, quizá, López Obrador sí tuvo una reunión de emergencia con sus asesores, y éstos le plantearon el marco de referencia, pero al revés. Tenían claro los efectos económicos del aislamiento, de la cuarentena. Pero midieron que sería aún más lesiva para el país. Por eso recomendaron: No al alarmismo.

Nunca le plantearon la ruta crítica para informar, tomar decisiones, entrar a la acción directa y evitar la parálisis económica en la que ahora, de todos modos, nos encontramos. Tampoco le propusieron la estrategia para paliar la situación. Tan es así, que hasta el momento no hay tregua alguna para el pago de impuestos.

El presidente escuchó los consejos de su grupo asesor. Pesó la corriente de los poderosos empresarios: Alfonso Romo y Ricardo Salinas Pliego. Fue este último quien reveló el fondo de su teoría hace unos días, durante la celebración de los 114 años de la fundación de Grupo Salinas.

Ahí pudo verse claramente, cómo fue que se impuso esa corriente de opinión dentro de Palacio Nacional: “Hay que dejar a un lado el miedo”, seguir trabajando, porque la vida no se puede detener. “Nos han metido a todos el miedo a morir por el Covid-19… Este virus existe, sin duda, pero no es de alta letalidad”.

Como van las cosas, “parece que no moriremos por coronavirus, pero sí vamos a morir de hambre”. Salinas Pliego incluso avizoró un “tsunami de destrucción del empleo” y profetizó: “dentro de poco tiempo se desatará la delincuencia, la rapiña y el caos”.

Fue entonces, que vimos a un Presidente tan desparpajado, en un intento extraño de infundir tranquilidad y confianza a la población. Con alocuciones disparatadas, como el “DETENTE”, y su empecinamiento de continuar con las giras, para tener como colofón el reproche de los propios ciudadanos.

Peor aún. Este asesor, es hoy en día uno de los principales beneficiarios del actual régimen. El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) aprobó a Totalplay, de Grupo Salinas, la prórroga de su concesión por un periodo de 30 años más, vigente a partir del 17 de octubre de 2025.

Esto le permitirá a Totalplay continuar con la prestación de servicios triple play (televisión por paga, telefonía e internet). Ricardo Salinas es quien ha apoyado la creación del llamado Banco del Bienestar a través del cual se pretende bajar y entregar recursos a adultos mayores y jóvenes por el futuro, sin reglas de operación ni auditoría sobre los padrones de beneficiarios.

Así pues, en las próximas horas, se escuchará el ulular de sirenas y vendrá para muchos la hora de las lamentaciones.