Indicador político
En el marco de la Semana Santa y la Pascua, miles de personas se preparan para salir de sus hogares y visitar diversos destinos turísticos, ya sea en playas, bosques, pueblos mágicos o espacios naturales. Este periodo, tradicionalmente asociado al descanso, la reflexión y la convivencia, también representa una oportunidad para replantear nuestra relación con el entorno, es decir con el biocentro, con las plantas, los animales, las personas, desde luego con el agua, el aire, la luz y la tierra, todo en conjunto la unicidad.
Diversas personas, saben de mi compromiso con el medio ambiente, no solo por mi formación como Doctor en Ecoeducación, sino como un promotor del respeto a la otredad, en este sentido, vuelvo una y otra vez a insistir que, es indispensable promover una cultura de ecoconciencia, entendida como la capacidad de reconocer que la naturaleza no es un recurso inagotable a nuestra disposición, sino un sistema vivo del cual formamos parte. Bajo esta visión, el llamado es claro: no se trata solo de viajar, sino de hacerlo con responsabilidad, respeto y compromiso con el equilibrio ambiental y en el compromiso al respeto del biocentro.
Diversos especialistas en Ecología han advertido que una de las principales problemáticas actuales es la falta de alfabetización ecológica, lo que se traduce en prácticas dañinas durante temporadas vacacionales: acumulación de basura en playas y bosques, contaminación de cuerpos de agua, afectación a la flora y fauna, así como el deterioro de espacios naturales que deberían ser protegidos.
En este contexto, es fundamental comprender el concepto de biocentro, es decir, reconocer que toda forma de vida posee un valor intrínseco y que el ser humano no ocupa una posición de dominio, (como lo repito una y otra ocasión no más antropocentrismo, etnocentrismo, androcentrismo), sino de coexistencia. Asumir que “no somos dueños de la naturaleza, sino parte de ella” implica transformar nuestras prácticas cotidianas: reducir residuos, evitar el uso de plásticos de un solo uso, respetar los ecosistemas y seguir las normativas ambientales de cada destino, como bien lo viene realizando nuestro amigo Martín Barriga Barriga, con su organización Deportistas con causa, incansable aliada con el medio ambiente y el deporte.
Una Semana Santa sostenible no es una limitación, sino una oportunidad para generar experiencias más conscientes, donde el turismo se convierta en una herramienta de respeto, aprendizaje y preservación, es decir construir una pedagogía como lo explique recientemente con mis alumnos de doctorado en Educación, de la Red IBAI Morelia. La responsabilidad es compartida: autoridades, prestadores de servicios y visitantes deben contribuir a construir una cultura de cuidado ambiental.
El llamado es a disfrutar, pero también a reflexionar. A viajar, pero sin depredar. A convivir, pero sin destruir. Porque solo a través de una relación armónica con la naturaleza será posible garantizar que las futuras generaciones también puedan vivir, conocer y disfrutar la riqueza de nuestro entorno.
Hoy, la invitación es clara: hacer de esta temporada un ejercicio de ecoconciencia, respeto y responsabilidad. Porque cuidar la naturaleza no es una opción, es una necesidad.




