Libros de ayer y hoy
En México, la seguridad social se consolida como una herramienta estratégica para prevenir enfermedades y fortalecer la estabilidad económica de las familias. La administración federal actual ha impulsado un modelo que prioriza la atención primaria, la cobertura universal y la reducción de desigualdades, especialmente en comunidades rurales y marginadas.
El Plan Nacional de Salud 2024–2030 coloca al IMSS-Bienestar como eje rector, ampliando clínicas, personal médico y servicios gratuitos para personas sin seguridad social formal. Esta expansión busca garantizar consultas, medicamentos y tratamientos sin costo directo, evitando que enfermedades crónicas o padecimientos comunes se conviertan en crisis económicas para los hogares.
La medicina preventiva es el centro de esta estrategia. Protocolos nacionales para atender diabetes, hipertensión, obesidad y salud infantil fortalecen la detección oportuna y homologan la calidad del servicio en todo el país. Asimismo, el programa “Salud Casa por Casa” acerca atención médica gratuita a adultos mayores y personas con movilidad limitada, reduciendo barreras geográficas y complicaciones derivadas de enfermedades crónicas.
Frente a retos como el dengue, el gobierno federal ha desplegado estrategias nacionales de vigilancia, fumigación y coordinación interinstitucional entre IMSS, ISSSTE y otras dependencias, optimizando recursos sanitarios. Aunque el gasto público en salud ronda el 2.5% del PIB y persisten brechas de cobertura, la meta es fortalecer progresivamente la inversión y ampliar la protección social.
Además, programas como la pensión para adultos mayores y apoyos económicos complementan la política sanitaria al reducir el estrés financiero asociado a enfermedades o pérdida de ingresos. Con este enfoque integral, la seguridad social deja de ser solo un mecanismo de atención y se convierte en una política preventiva que protege la salud y el bienestar de millones de familias mexicanas.




