Pinceladas desde Lakamha
La detención de Ernesto Ruffo debe llamarnos la atención porque representa un punto de quiebre entre lo que es un país con normalidad democrática y vigencia del Estado de Derecho (de por sí ya altamente erosionados desde el 2018), y otro en el que las decisiones gubernamentales se aplican por consigna política contra los opositores al régimen; es decir, en donde esa normalidad y ese imperio de la ley han sido borrados.
No estamos ante un caso más que deba consignarse en la numeralia de las violaciones cotidianas de la autoridad contra los derechos de la sociedad, sino ante la exhibición, la revelación, de un gobierno nacional actuando sin límites con tal de proteger a quienes, en su propio bando, están siendo señalados públicamente como delincuentes y hasta traidores a la patria, como es el caso de Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, ya no digamos de casos como el de Rubén Rocha Moya en Sinaloa.
Como lo han señalado destacados analistas, en lugar de investigar y actuar contra los narcodelincuentes de Morena señalados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos como tampoco contra los responsables del ya histórico “huachicol fiscal” de 600 mil millones de pesos, según cifras oficiales, la fiscalía decide –por órdenes presidenciales- detener a una figura de la oposición.
Más allá de si el inculpado (Ruffo) es o no responsable de lo que se le acusa, lo que más llama la atención es el por qué en este caso la autoridad actúa con tanta diligencia y, en cambio, exonera sin investigar a los gobernantes y militantes de Morena. Para ellos, pues, la ley y la gracia.
Por más que Sheinbaum pretenda dar clases de estadista en sus mañaneras diciendo que “no se trata de una justicia selectiva”, la realidad desnuda la falsedad presidencial: a pesar de la petición de Estados Unidos sobre la extradición de Rocha Moya y sus 9 secuaces, este gobierno dice que “no hay pruebas”, aunque Sinaloa se siga descomponiendo en su seguridad y en otros terrenos.
La temperatura autoritaria está subiendo. Como en el cuento de la ranita en el recipiente, felizmente nadando en el agua tibia pero que no siente que de tanto en tanto el agua se va calentando, hasta que se percata que ya no puede salir y muere cocida.
La temperatura del autoritarismo obradorista ha calentado demasiado el ambiente nacional con esta detención del exgobernador bajacaliforniano. Sheinbaum está probando si la sociedad opositora tolera esa arbitrariedad y la deja pasar como si no fuera algo grave.
Por supuesto que son muy importantes las reacciones mediáticas al respecto que han condenado esta decisión gubernamental. Pero no son suficientes. Porque el curso autoritario continuará si la oposición política y la sociedad civil, unidas y sin sectarismos, no cierran filas por las mejores causas del país de cara a lo que viene.
Tenemos en el 2027 elecciones muy importantes en las que si las fuerzas opositoras a Morena van divididas, este partido puede volver a ganar, aún en estados que literalmente se están pudriendo, como Michoacán, Sinaloa, Sonora y Zacatecas, entre otros también importantes.
¿Dejamos que se nos imponga un estado policiaco, arbitrario y sin límites?, ¿o lo enfrentamos unitariamente en nombre de México?




