La soberanía nacional
Compartir saberes, experiencias y conocimientos derivados de las intervenciones en distintas instituciones y espacios para reflexionar con el personal operativo sobre la paz y la convivencia en las cuales me ha tocado participar, me ha permitido identificar elementos importantes a considerar para la construcción del diálogo a través de la escucha asertiva y las propuestas que se realizan para mejor dicha comunicación que permita la reconciliación y transformación personal.
En distintas ocasiones, verbal y por escrito he comentado que la paz no es solo ausencia de violencia, sino la capacidad de diálogo entre personas, comunidades y países para resolver conflictos con equidad. Este diálogo es imprescindible para cuidar los derechos humanos y construir convivencia y respeto a la dignidad humana.
El diálogo es una práctica humana fundamental, surgida como una revolución del lenguaje que requiere tanto acción como reflexión transformadora por su propia naturaleza. Los diálogos nos deben llevar al encuentro de personas que se pronuncian por un mundo justo, sin sometimiento, control o disciplinamiento, es decir, desde la tolerancia y el respeto, para que éstos no generen formas antidialógicas (como expresa Paulo Freire) que termina siendo una comunicación dominante, manipuladora o excluyente, por ello, el diálogo suma varios componentes, que permite acercar a las personas a través de privilegiar la horizontalidad, a la vez de ser respetuoso, inclusivo, promoviendo la participación y la complementariedad. Es decir, no debe servir para oprimir, sino para construir juntos (mismidad y otredad) a partir de reconocer la alteridad (Emanuel Levinas), complementariedad, tolerancia y respeto, cimentados en los derechos humanos compartidos.
En una experiencia reciente con personal institucional de centros de reinserción social, quienes son líderes en la implementación de los diferentes ejes del modelo de reinserción constitucional, se avanzo significativamente en la propuesta de un modelo universal interesante que comparto con los que aquí dan lectura a esta reflexión.
La visión ha sido construida desde la perspectiva de plantear un proceso dialógico, donde se establece la importancia de un encuentro de la otredad y la mismidad a través de un plano horizontal, donde se escuchan con respeto, se apartan los juicios de valor, y se busca la comprensión mutua para generar transformaciones individuales, pero también puede ser de carácter colectivo.
En el desarrollo de la actividad participaron dos grupos integrados por servidores públicos, los cuales construyeron una hoja de ruta del proceso dialógico, entre las que destacan, la importancia y preparación ética y emocional, si es necesario contar con un facilitador de dicho diálogo con personas privadas de su libertad, quien deberá contar con preparación ética y emocional, actitud respetuosa, escucha asertiva y no expresar juicio, toda vez que la importancia es construir conjuntamente, pero nunca corregir.
Los dicentes, plantearon la importancia de generar un espacio seguro, que permita acuerdos de convivencia, destacando el respeto, la confidencialidad del tema, la no interrupción, entre otros elementos, que facilite estar tanto a la mismidad como a la otredad siendo valorados y no amenazados, utilizando ambos un lenguaje sencillo, claro y desde luego de mucho respeto. Los dialogantes, resignifican la importancia de ser un diálogo humano, donde se respeta la dignidad y los derechos y libertades.
Un elemento adicional es la escucha asertiva y la validación, es decir, escuchar guardando silencio, sin interrumpir, reconocer y en su caso validar la experiencia del otro de los dialogantes, siempre en la escucha asertiva es importante considerar que no se busca imponer nada, sino abrir los sentidos para mejorar.
El diálogo se construye con una visión holística, sistémica, interdependiente, en donde todos los elementos se necesitan para hacer el todo, y donde el todo necesita de cada uno de los elementos como: horizontalidad (Paulo Freire); reconocimiento mutuo o alteridad (Emanuel Levinas); confianza y tiempo (David Bohm); complementariedad (Boaventura de Sousa Santos); no violencia, ni en palabras, tampoco en lenguaje corporal ni en actitudes (Jhojan Galtung); escucha asertiva, mientras una persona habla la otra guarda silencio; cuidado del lenguaje, especialmente si el diálogo es entre un servidor público y una persona privada de su libertad, sin etiquetas o estigmas y prejuicios (Michel Foucault, denominar para dominar); tolerancia (reconocimiento de diferencias y aceptación de igualdad en derechos) y respeto (reconocimiento del valor como persona, de sus derechos humanos y de sus libertades y ejercicio de sus derechos subjetivos).
Para las y los participantes, queda más que claro que el diálogo con personas privadas de la libertad tiene un componente que va a la responsabilidad, la reparación y la dignidad de los involucrados, desde ese enfoque es significativo expresar que, los diálogos en espacios de restricción de la libertad (cárceles, anexos, de atención de personas con problemas mentales) se construyen con mucha tensión, y resistencia, por mantener una posición frente a la desventaja de la libertad.




