La importancia de lo incomprensible
Actualmente vivimos en un México cambiante. Cada vez, los derechos humanos evolucionan en beneficio de la sociedad mexicana, la cual busca transformaciones significativas en pleno siglo XXI. Una de las disciplinas que más ha evolucionado en los últimos años es la jurídica y, particularmente, el Derecho Familiar.
El crecimiento en esta materia ha permitido establecer deberes, obligaciones y derechos dentro del entorno familiar: entre cónyuges, hijos, bienes y demás elementos que conforman el núcleo de una familia. En ese contexto, si, desde 2010 en nuestro país se instauró el régimen matrimonial homoparental como un avance en las garantías individuales, hoy es momento de reconocer nuevas composiciones familiares, donde también adquieren relevancia los derechos de los animales.
En muchos hogares, las personas conviven diariamente con otras especies como perros, gatos, peces o aves. Sin embargo, cuando un matrimonio concluye, surge una pregunta importante: ¿qué ocurre con las mascotas? Actualmente, el Código Familiar del Estado de Michoacán de Ocampo no contempla de manera específica los derechos y obligaciones relacionados con los animales de compañía durante un proceso de separación o divorcio.
A pesar de la ausencia de un marco normativo claro, la autoridad judicial puede, dentro de sus atribuciones, buscar soluciones que garanticen el bienestar de estos seres sintientes. A diferencia de los seres humanos, los animales no pueden expresar verbalmente sus emociones; sin embargo, generan vínculos afectivos y de dependencia con quienes consideran sus protectores. Por ello, cuando una pareja se separa y existen lazos emocionales con una mascota, los tribunales familiares también deberían velar por su seguridad, integridad y cuidado.
La evolución del concepto de familia nos lleva a considerar la existencia de un nuevo modelo: la familia multiespecie o interespecie, integrada por personas y animales domésticos. Actualmente, diversas interpretaciones jurídicas y criterios jurisprudenciales reconocen a los animales como seres sintientes, lo que fortalece la necesidad de protegerlos dentro del ámbito familiar.
De esta manera, surge la necesidad de reconocer derechos básicos para los animales de compañía: recibir alimento, atención médica, un espacio digno para vivir, protección contra el maltrato y un trato ético y respetuoso por parte de los seres humanos. Además, no puede ignorarse que muchas mascotas desempeñan un papel fundamental de apoyo emocional, compañía y afecto hacia las personas, creando relaciones que deben ser protegidas de manera recíproca.
Esto no significa que los derechos de las mascotas deban colocarse por encima de los derechos de los hijos u otros integrantes de la familia. Sin embargo, sí implica reconocer que la autoridad debe procurar el bienestar de todos los miembros que conforman el entorno familiar. Si el Derecho continúa evolucionando, en el futuro podremos contar con leyes más completas y humanas, orientadas a fortalecer la justicia social dentro del ámbito familiar.




