Némesis
La legislatura actual- en el Senado de la República- entrará al quinto y último año de quehaceres dentro de unas semanas. De hecho, se está organizando la plenaria para definir las prioridades y cuáles serán, en términos políticos, las metas que la fracción de Morena ponga en la mesa para la recta final. Sabemos que, de entrada, hubo muchos cambios, tanto en los liderazgos, como en la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta. El punto es que, con esa situación, hay un reacomodo que ahora dependerá de quienes encabecen las funciones.
Ricardo Monreal, quien ahora aspira a ser el coordinador de la defensa del voto en Morena, dejó un gran legado. Y no solo cumplió con toda la agenda propuesta por el ejecutivo, sino que las encaminó con capacidad política. Es decir, se aprobaron leyes y reformas constitucionales conducidas con diálogo y negociación de alto nivel que, de manera clara, apostó el zacatecano durante cinco años que mantuvo un liderazgo clave para tomar decisiones. Incluso, muchos cuestionaron la relación que construyó con la oposición, pero, al final de cuentas, fue un vínculo poderoso para alcanzar consensos.
Recuerdo, por ejemplo, el tema de la Reforma Militar que, sin ir más lejos, hizo posible sacarla Ricardo Monreal cuando parecía perdida, pues con una maniobra política consiguió las dos terceras partes que se necesitaban para la viabilidad, eso sí, luego de muchos debates acalorados y discusiones álgidas que, a la postre, fueron bien capitalizadas para encontrar un punto de coincidencia con las fuerzas de oposición. O sea, una eficiencia que, en función de sus tareas, sacó siempre adelante.
El destino político ha puesto a Ricardo Monreal en el cauce de un proceso sucesorio presidencial y, por esa razón, decidió separarse de manera definitiva de su responsabilidad legislativa. Dejó la coordinación y la presidencia. Con ello, se cerró un ciclo histórico en el Senado de la República y, por consiguiente, había qué designar al nuevo líder que tomará el timón para mantener la esencia legislativa que echó raíces con la llegada del zacatecano.
Teniendo en cuenta esa situación, la responsabilidad era mayúscula. Circularon nombres y trascendieron propuestas, sin embargo, el perfil que encajó perfectamente es Eduardo Ramírez, senador por el estado de Chiapas que, en este periodo, ya ocupó la Presidencia de la Mesa Directiva. Con esa premisa, se convirtió en la carta ideal para comenzar a trazar la nueva organización de cara al cierre. De hecho, muchos pensaron que, con esa designación del Jaguar, como le conocen, la cosa cambiaría porque los senadores se acostumbraron al liderazgo de Monreal.
En ese sentido, las opiniones comenzaron a fluir, sin embargo, Eduardo Ramírez ha demostrado que tiene capacidad y liderazgo para encabezar la coordinación de la fracción. O sea, Ricardo Monreal dejó en buenas manos esa responsabilidad. Además de ello, hay una añeja relación entre ellos y, frente a los grandes retos que vivió Monreal, Ramírez siempre cerró filas con el zacatecano. Eso significa que, uno y otro, tienen inmensas coincidencias y los une un proyecto. De hecho, no es un secreto a voces que, llegado el momento, el Jaguar es una de las propuestas de Monreal para encabezar la candidatura en Chiapas.
Y Eduardo Ramírez, desde hace unos meses, viene encabezando las preferencias, para convertirse en el próximo abanderado de Morena en Chiapas. Con esa lógica, tiene grandes posibilidades porque sujeta, ni más ni menos, una pedagogía legislativa de un gran líder como Ricardo Monreal que le heredó oficio, pericia y habilidad que ha esbozado Ramírez para construir consensos.




