De frente y de perfil
Después de las elecciones intermedias en EEUU, en México miramos hacia Washington, como quien espera el nuevo curso de un río cercano que puede fecundar o secar nuestra tierra. Tras la elección, el alma del norte mexicano espera no regalos, sino respeto.
Sabemos que aquella capital no es solo un nombre allende la frontera: es el viento que mueve el T‑MEC, el cauce por donde fluyen nuestros empleos, el reloj que dicta el ritmo de la sequía y el destino de quienes cruzan en busca del pan. Durango, con sus campos agrietados y sus hogares divididos por la migración, tiembla cuando Washington tose.
Aquí esperamos que no levanten nuevos muros que separen familias ni aranceles que encarezcan el maíz y el agua. Que la cooperación contra el fentanilo y las armas sea mutua, no un mandato desde el norte. Que reconozcan que el fuego del narcotráfico nace también de la demanda allá, y que México no es solo un guardafronteras, sino una nación con raíces y soberanía.
Anhelamos que el diálogo sobre el Río Bravo sea justo, que no se nos niegue el agua que necesitan nuestros campos. Que la balanza de Washington se incline hacia la razón y no hacia el huracán. Porque cuando aquel faro vacila, la sombra avanza hasta las sierras y los campos.
México no pide ser salvado. Pide que el río fluya equitativamente, que se honre el pacto continental y que la historia no nos arrastre sin piedad hacia la noche.--oOo--




